Una nueva trifulca conventual se ha organizado esta semana. Se me ocurrió decir el pasado miércoles en pleno recreo, que me extrañaba que el famoso vídeo del Papa no hubiera salido ya, estando a las vísperas del 10 de Marzo ¡Con la prisa que se dieron en sacar los anteriores!

Los ojos saltones de la comunidad más francisquista se posaron sobre mí (se abalanzaron sobre mí, más bien), con el deseo de fundirme y/o hacerme picadillo por tal derroche de libertad de expresión. Y eso que todavía no había dicho todo lo que pensaba. Porque lo cierto es que la mosca tras la oreja que tanto me acompaña -a veces muy a mi pesar-, me indicaba que aquí había gato encerrado. O mejor, video encerrado.

Decia yo que tanto en enero como en febrero, ya estábamos disfrutando el día seis del extraordinario Magisterio de Francisco, con minuto y medio de duración. El primer mes, sobre el ecumenismo. El segundo, sobre el cuidado de la Tierra. Y ahora, casi a día 10 de marzo, seguimos huérfanos de tan ansiada enseñanza. Pareciera que los fundamentos del Orbe se tambaleaban. Yo no sabía si podría continuar con mi vida monacal, prescindiendo del subsidio necesario para la oración, proporcionado por estos breves y jugosos vis a vis con olor a oveja.

A pesar de mi buena voluntad, la mosca orejera no se me iba. Algo tenía que pasar. Tanta prisa los dos primeros meses, y ahora este retraso tan llamativo… Tanta publicidad al principio, y ahora tanto relajo. Me daba en la nariz que nos encontramos ante otro parto de los montes (uno más), de la Factoría Publicitaria a la que ya estamos acostumbrados desde hace hoy tres años (Señor ten piedad). Un bluff, como se dice ahora. Ya hablé sobre el primer parto de los montes respecto a los misioneros de la misericordia. Todavía no he visto a ninguno de ellos por aquí, claro que nosotros todavía no hemos agredido al Sumo Pontífice (que es uno de los pecados que pueden perdonar estos enviados), ni somos periféricos.

Pues sí. Da la impresión de que los famosos videos del Papa se han desfondado, han caído en picado, o pueden haber entrado en recesión: O es que les ha dado la depre a los filmadores y creadores de este nuevo tipo de comunicación agresiva. La verdad es que grabar este minuto y medio debe ser desesperante, por el tono del actor principal y sobre todo, por el guión intrépido y osado. Como si fuera Julio César arengando a sus tropas antes de la batalla. No me extrañaría que dejen de publicarlos. Además harían muy bien.

…………..

Ayer día 10, casi a última hora, me vienen muy ufanos y contentos los novicios trayendo en sus tabletas el video de marzo, que acababa de salir. Socarrones y mofándose de mis canas, me lo mostraron con la misma algarabía de la mujer que había encontrado la dracma perdida, o la perla preciosa del mercader del Evangelio.

Por un momento creí que estaba equivocado y que mi mosca orejera se había pasado un poco de la raya. Pero he de admitir que cuando lo visioné -como dicen ahora los cursilones-, renové mis temores y reafirmé mis sospechas. Y por supuesto me convencí del agotamiento de la empresa. Seguro que seguirán sacándolos (según Fray Malaquías, por lo menos hasta agosto o septiembre), pero esto no es lo que era. Aquellos videos pomposos de los ecumenistas sonriendo o de la mamá-tierra llena de deshechos, con música al efecto y re-entradas de Francisco entre imagen e imagen, son ahora dos niños en una escalera, escuchando como el papá le pega a la mamá.

Intenté explicar a mis novicios el trasfondo. Porque cuando hay que hablar de lo sobrenatural por misión propia y no obstante se elude, se oculta y se disimula hablando de lo puramente natural, automáticamente el discurso acaba siendo ramplón, aburrido, cansino y vulgar. La ocultación de lo sobrenatural, acaba dejando en cueros (que diría don Quijote) al parlero de turno, para convertir la perorata en una charlatanería soporífera, amuermante y clorofórmica.

Yo siempre oí predicar a nuestros pastores -y yo mismo he predicado muchísimas veces-, sobre la Familia Cristiana. Sobre ELLA tenemos que concentrarnos los católicos (con la Jerarquía a la cabeza) cuando queramos impulsar esta institución que -siendo natural-, el Señor quiso elevarla a una categoría sobrenatural, porque se arraiga en el sacramento del matrimonio nada menos. Tal como está el paño, si no se habla con claridad y valentía de la Familia Cristiana, se deja el discursito en un plano puramente natural, que lo mismo lo podría haber dicho el secretario de la ONU, que un par de gays con deseos de adopción.

En un minuto y medio se puede decir que la verdadera solución para superar las dificultades de la Familia Cristiana está en Jesucristo. En una vida matrimonial basada en la fidelidad y en el amor. En la generosidad de tener hijos, sin enquistarse en el egoísmo del anticonceptivo. En las virtudes cristianas vividas hasta el heroísmo, con la ayuda de la Gracia. En una educación cristiana de los hijos basada en la entrega y dedicación, desoyendo las múltiples llamadas a una educación sin raíces y sin convicciones profundamente católicas. La familia cristiana en dificultad, no es la familia en la que el esposo pega palizas a la esposa. Es aquella familia en la que no está Dios presidiendo y en la que se ha desvirtuado la Cruz de Cristo, con todo lo que eso lleva consigo.

Pero claro, alguien que esté pensando en administrar la Sagrada Comunión a los divorciados, no puede hablar con esta claridad. Si se habla de la familia en plan ecuménico y descafeinado, no se puede denunciar la actual destrucción de la misma que estamos viviendo. ¿Se puede hablar de la familia que está en dificultades, mientras no se lucha decididamente contra el divorcio? ¿Se puede hablar de la familia como el bien más vulnerable, mientras se amplían las facilidades para conceder la llamada nulidad? ¿Se puede hablar de que la familia no está protegida, mientras se crean más y más tribunales diocesanos? ¿Se puede pedir más cuidado de los niños en la familia, mientras se desdibuja el papel de la familia cristiana (padre y madre) frente a las leyes anticristianas imperantes?

…Seguía hablando en el claustro con entusiasmo, pero mis novicios se habían escabullido. Cuando me he percatado de ello, me he encomendado a la Sagrada Familia. Es nuestro único refugio.

Ahora, quien tenga fuerzas, que vea el video de marzo.

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