Si deseamos a todos Feliz Año Nuevo, entonces tenemos que desear la santidad: porque es la única felicidad que existe en este mundo, como preludio de la vida eterna. Hoy es un día para darnos cuenta de que la “eternidad” nos está esperando, si pudieramos hablar así.

Hoy he entonado con mis novicios el Te Deum de acción de gracias por el año transcurrido. Es lógico. Si todo que le sucede al cristiano es para su bien, debemos dar gracias por todos los desastres que han sobrevenido a la Iglesia. Al fin y al cabo, y mal que les pese a muchos, Jesucristo es el Señor de la Historia. Es el alfa y la omega, no la paparrucha esa de Punto Omega que se inventó el ahora canonizable Teilhard de Chardin, admirado por todos los mandamases y teólogos heretizantes.

Pase lo que pase, el Señor se reserva el dominio absoluto de los tiempos y de los procesos. Triunfará al final. Aunque tengamos que padecer y sufrir a personas, sucesos y acciones que no nos gusten y que nos duelan. Pero el final será la Victoria de Nuestro Dios.

No he querido leer el mensaje del Papa para la Jornada Mundial de la Paz: ese engendro que inventó Pablo VI para comenzar ya el año con las consignas del Nuevo Orden Mundial. Creo que si leo el Mensaje de Francisco y me tomo luego las doce uvas con mis jovenzuelos modernistas, corro peligro de atragantarme y que comience el año con uva mala. Me tranquiliza saber que ellos tampoco lo van a leer. Y confío en que la mayor parte de la cristiandad tampoco la leerá. Porque al fin y al cabo estamos en Navidad y Dios concede gracias extraordinarias. La leerán los funcionarios de quien yo me sé, para comprobar si las cosas van por buen camino, nada más empezar el año 2016.

Me dormiré pensando en el evangelio de la Misa del día de la Circuncisión del Señor (otra fiesta eliminada para recuperar la Tradición). Me río yo de las recuperaciones de la Tradición que se han llevado a cabo a base de destruir todo lo que suene a Tradición.

Llevaron a circuncidar al Niño y le pusieron por nombre Jesús, tal como le había llamado el ángel antes de su concepción.

¡Qué sencillez!

¡Qué misterio!

Ojalá el Señor nos conceda en este año 2016 la gracia de la Santidad. La sed de Santidad, que no es otra cosa que la sed de Dios. Hoy tenemos que decir con más fe que nunca: Venga a nosotros tu Reino.

Esperemos que no tarde mucho.

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