Una de las recomendaciones de mi cardiólogo para evitar las crisis de ansiedad, consiste en hacer un ejercicio de humor cuando uno se encuentra en la cresta del desasosiego. Esto es: ante una situación angustiosa, tratar de sacarle algún lado cómico, algún punto de vista hilarante, bien por rozar la ridiculez, bien por introducirse en ella de pleno derecho. Ya sé que para algunos, esto puede resultar algo superficial –especialmente si estamos tratando temas de enorme profundidad y gravedad-, pero tengo bien comprobado que me relajan, sin quitar un punto de su trascendencia e importancia.

Los calores veraniegos son difíciles de soportar en esta meseta castellana, y bastaría la lectura de una mala noticia o percibir una grave acción (en la Iglesia aparecen todos los días), para que las alarmas de mis coronarias se pongan en marcha, con sus ulteriores consecuencias.

Por eso he querido relajarme comprobando que acaba de empezar el bombardeo masivo para la preparación de la Jornada Mundial de la Juventud, que se celebrará en Cracovia en el verano de 2016. Me he permitido comenzar a reirme ya, porque probablemente para esas fechas esté yo más caducado que un yogourth.

cracovia1Como dicen que es una peregrinación, que se supone que tiene caracteres de sobrenaturalidad y espiritualidad, de penitencia y de ascesis, pues ya ha comenzado la organización de los eventos para que durante estos próximos doce meses -doce largos y aburridos meses-, podamos anhelar su llegada más que las diez vírgenes la llegada del Esposo. Me consta que muchos jóvenes tontorrones y otros muchos malévolos, ya han comenzado a preparar su plan. El bombardeo será de tal calado, que todos los días a partir de ahora, tendremos nuevas noticias, consejos, añadidos, inventivas y comentarios sobre la Jotaemejota, que llevará un año más a la juventud de forma masiva hacia el catolicismo. Eso dicen.

Claro que aquí pasa como con los Juegos Olímpicos. Cada año los organizadores tienen que quedar mejor ante el público. Si en la Jornada anterior se inventaron y promovieron unas dos mil chorradas, los de esta convocatoria no tendrán más remedio que llegar a las cuatro mil. Si yo tuviera fuerzas para hacer un análisis de este fenómeno desde las Primeras y Funestas Jornadas organizadas por Juan Pablo II (que era un actor candidato a un Oscar Eterno de Hollywood) hasta las actuales, creo que la cuenta de resultados sería exponencial: línea hacia arriba en cuanto a las chorradas y línea estrepitosamente hacia abajo en cuanto a los resultados. Y es que vemos fácilmente las sandeces pero no vemos los resultados, aunque nos los imaginamos.

Monjas "descalzas" mirando al mar en Río

Monjas “descalzas” mirando al mar en Río

El saldo de la Jornada de Río de Janeiro en la que se estrenó brillantemente el Papa Francisco, solamente los conoceremos en la otra vida; pero mucho me temo que después de ver las olas episcopales y otras lindezas playeras (lo digo sin mala intención) escuchando misa-bikini y oyendo con verdadero amor las palabras profundamente doctrinales del Pontífice, la curva de caída en picado tuvo que ser monumental. Ya se vio en una encuesta posterior, tal como glosé yo en esta misma red por aquel entonces. Sería suficiente para pedir una moratoria de Jotaemejotas durante unos cinco mil años.

Es como si la empresa Colgate hiciera cada cinco años las JMD (Jornadas Mundiales del Dentrífico) para promoverlo entre la juventud y al cabo de diez jornadas de esas, las ventas de Colgate hubieran descendido en un 90 por ciento. Algo así, si uno quiere ver la realidad y no cerrar los ojos.

Para empezar, el Papa se ha inscrito como primer peregrino,  cosa que no me cuadra con el carácter que está imprimiendo al Papado desde su elección. Porque lo más humilde habría sido inscribirse como el peregrino cuarenta y cinco, o el peregrino ochenta y seis; o al menos haber dejado que se inscribieran antes que él los dos muchachitos sonrientes que estaban junto a él en la ventana vaticana. Así que, mal empezamos. Además, él no es el primer peregrino, sino el que debe ir en Cabeza para confirmar la fe de sus ovejas. Cosa que desde hace tiempo se olvida con facilidad. Eso de meterse en el rebaño como una oveja más, es una falsedad. Y si encima se mete como la primera oveja, peor. Porque sus balidos se escucharán los primeros, con los consabidos comentarios de los testigos. Pero si se decide hacer así, entonces decir que uno es la primera oveja (aunque sea con la tablet), no encaja en el montaje general. Y es que se ve el plumero fácilmente.

Dicen las crónicas, que inmediatamente se inscribieron unos 40.000 peregrinos más. Y esto irá en aumento hasta el verano de 2016, como muestra de la prosperidad, incremento y desarrollo de un catolicismo primaveral que cada vez está más mustio a la hora de la verdad. Al menos eso es lo que yo percibo desde mi ventanuco.

Peregrinos en estado de peregrinación

Pero no acaba ahí la cosa, porque se dice que en cuanto el Papa puso su pontificio dedo en la tablet,  la JMJ comenzó a calentar motores, lanzándose audazmente hacia la organización de nuevos eventos. De momento, habrá catequesis, misa de vigilia, y festival de música… y un vía crucis. Todo muy original. Esto es armar lío. Mis novicios modernistas más avanzados, ya están preparando su viaje y no piensan en otra cosa. Y ya tararean por los claustros el Himno de la Jornada. Porque sepan ustedes, que estas Reuniones no serían nada sin un himno moderno, con música pazguata pero pegadiza, propicia para misticismos de esos que gustan en estos experimentos. Por supuesto que al día siguiente el Cardenal Argüello, que manda más que el Papa, conseguirá que el Espíritu Santo llame al sacerdocio a qué-sé-yo-cuantos-mil jóvenes.

Veremos en los próximos meses las aplicaciones de móviles que van apareciendo y las pre-pre-jornadas y las pre-jornadas que se van organizando por Diócesis, Arciprestazgos, Grupos de Catequesis, Escuelas y Barrios. Tenemos un año más para tener entretenida a la juventud “católica” no vaya a ser que se den cuenta de que esto es un fiasco y un fracaso.

Yo estoy pensando en inscribirme también. Así el hermano cocinero (que es de los que van a ir), no me quitará mi ración de bizcocho en almíbar. A mi edad, siente uno mucho más gusto por las dulzainas que por las jotaemejotas. Lo que pasa es que no tengo tablet, ni móvil, ni apps de esos; así que tendré que inscribirme por medio de una carta certificada: eso sí, me inscribiré como el último peregrino. Si me dejan. No sé si lo veré, pero el acontecimiento de 2016 va a ser de aúpa. Para ese entonces, ya podrán asistir como peregrinos los divorciados vueltos a casar y los super-gays vueltos a enmarañar.

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