Creo que  ésta ha sido la única frase inteligente e ingeniosa (y especialmente oportuna), que ha pronunciado Juan Carlos de Borbón a lo largo de toda su real vida. Su vida real ya fue otra cosa. El origen de tal expresión filosófica fue una pérdida real de paciencia ante las burradas pronunciadas por Hugo Chávez (que en gloria esté), sobre el papel de España y de su gobierno en un supuesto golpe de estado en Venezuela. Y es que ni siquiera un Borbón puede permanecer mudo ante tamaños disparates proferidos por el entonces Jefe del Estado Bolivariano. Por eso la intervención Real fue genial. Tanto, que dio la vuelta al mundo en 80 segundos, quedando el dictador venezolano ridiculizado por soez, rencoroso e inoportuno y maleducado.

Desde aquellas fechas, se ha utilizado esta expresión –¿Por qué no te callas?– para hacer ver la imperiosa y urgente necesidad del silencio, o lo que es lo mismo, la conveniencia de hacer mutis por el foro, quitarse de enmedio, echar la cremallera, darse un punto en boca o achantar la mui, que diría un castizo. Todo, para evitar meter la pata por entrometerse, irse de la lengua o ser un boquirroto-bocazas; posibilidades todas ellas muy propias de la naturaleza humana y mucho más propias de la naturaleza humana encumbrada; bien sea por ella misma, bien por sus palmeros de cabecera, bien por las dos cosas a la vez. El bocazas se sale de su papel, de su lugar, de sus responsabilidades y obligaciones. Y eso lo define.

El bocazas puede serlo por irreflexión, por ansias de llamar la atención o por borrachera (generalmente pseudo-intelectual). Pero también puede serlo por maldad. Al bocazas se le calienta la boca, desafina y desbarra ante el opio de las masas que aplaudirán diga lo que diga. Y que van a vibrar de fanático éxtasis si repite alguno de los tópicos, mentiras y sandeces que el pueblo interpreta como un guiño de aprobación a sus gustos y deseos. De manera espontánea le salen venablos por la boca contra todo aquello que odia o que no soporta, aunque se echara piedras sobre sus responsabilidades y obligaciones. Sería algo así como si un médico hablara en contra de la medicina, un inspector de Hacienda en contra de la recaudación fiscal o un vendedor de marihuana que portara un cartel con la leyenda “La Droga te mata”.

De ahí que la frase que nos ocupa, -¿Por qué no te callas?-, la debe pronunciar siempre alguien situado frente al problema, alguien con la autoridad suficiente para hacerle ver al boceras de turno que estaría mejor en su casa (calladito), antes de proferir semejantes desaciertos y desatinos. Porque una cosa es el bocazas que hace gracia con sus cantinfladas y otra el que alimenta a los extraños, ilusiona a los enemigos y destruye el propio negocio entre risas y aplausos. No es lo mismo ser indiscreto temporal, que indiscreto de perennidad. No tiene ninguna gracia el bocazas pirómano que incendia el bosque, animando a sus oyentes a incendiarlo también. Armar lío, podría decirse.

Lo peor del caso es que el bocazas suscita automáticamente a su alrededor cientos de bocazas que son a la vez oportunistas, y que esgrimen los argumentos del Bocazas Mayor del Reino, siempre para seguir destruyendo. Eso sí, con todos los legítimos permisos.

Hay que ver lo importante que sería que ante ciertos casos que tenemos que sufrir y padecer los católicos en estos tiempos recientes, algunos levantaran la voz, no para rebelarse, sino para hacer de contraparada intelectual y doctrinal. Dar una patada, vamos. Y dado que ya estamos acostumbrados a que los Obispos renuncien por algún delito económico, se viera también alguna renuncia por delitos contra la fe, que al fin y al cabo es más importante. Un pertinente ¿Por qué no te callas? a un Obispo hereje, puede venir como anillo al dedo a la conservación de la fe. Un oportuno ¿Por qué no te callas? ante un Obispo Payaso adorando a la Pachamama, puede venir de perlas para que sea consciente de que el paganismo, cobrando al mismo tiempo del catolicismo, no es posible mantenerlo. Es un fraude económico de esos que ellos denuncian como propio del capitalismo salvaje. Presidir una Institución para bombardearla, incluso con disposiciones contrarias a las que dejó claramente establecidas el Fundador, es un fraude. Es armar lío, pero deshonesto.  Porque se está viviendo de la Institución, aunque sea en una Casa aparentemente menos Ostentosa. Aunque se vaya en moto de pedales, en lugar de utilizar el coche oficial.

Esta soflama se la salmodiaba yo hace una semana a mis novicios, ante ciertos espectáculos repetidos en la prensa. Estaban muy absortos, deseando que les pusiera varios ejemplos más. Cuando empecé a hablarles del Colegio Cardenalicio y de que ya estamos acostumbrados a las dimisiones de Altos Cargos, y comencé a insistir en que algunos están deseando que alguien levante la voz y se plante, sonó la campana para Vísperas.

Fue entonces cuando me dije a mí mismo: Gerundio, ¿Por qué no te callas? Y así lo hice. Otro día seguiré contando la película a estos pobres Oblatos, alelados por la propaganda. A ver si renovamos la Orden con gente algo más avispada, Deo volente.

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