Cuando escribía hace ya dos años sobre la capacidad destructiva del nuevo pontificado, tenía yo más fuerzas. Ya se podía sospechar lo que se nos venía encima, aunque mi capacidad para la ironía estaba entonces mucho más fortalecida.

A día de hoy, solamente podemos levantar acta de que este Papa ha hecho suyos todos los tópicos comunistas, filo-marxistas, masónicos y populistas. Al tiempo que ha hecho suyas también todas las vulgaridades anti-litúrgicas, institucionales, protocolarias, de vestimenta y acicalado y en general de vulgarización extrema del Pontificado. Desde las mangas cutres de camisa, hasta el cochecito de repartidor de naranjas. Desde las sotanas trasparentes, hasta los besitos a Cristina. Desde los saludos sin bendición, hasta las oraciones al dios de todos. Desde las promesas eucarísticas a los adúlteros, hasta las recriminaciones a los de capisayos.

Teniendo en boca siempre la palabra descarte, se ha encargado él mismo de descartar de su feliz reinado a todo lo que esté medianamente relacionado con la Iglesia de sus predecesores, especialmente de aquellos que estuvieron (y están) infectados con el virus preconciliar, que ya se sabe que es la verdadera herejía de nuestro tiempo. Es notorio que todo lo que lleve fecha anterior a 1958 está caducado para este Sucesor de Pedro, que ha cargado sobre sus hombros la histórica y mesiánica tarea de descartar a aquella Iglesia equivocada y confusa, hipócrita y dogmática, autocomplaciente y vigilante del propio ombligo que padecemos desde que murió Nuestro Señor.

Este peligro viviente lo ve todo el mundo. Los que sufren por ello, porque son buenos católicos. Los que gozan por ello, porque son enemigos del catolicismo. Los que esconden su cabeza infocatólica, obracatólica, kikocatólica o etcéteracatólica también lo ven, aunque lo callen, lo silencien y lo nieguen pensando que con ello hacen un favor a la Institución.

¡Qué largo se nos está haciendo este Pontificado! Con razón que San Pablo nos recomendaba decir de vez en cuando aquello de ¡Ven Señor Jesús!

Las palabras pronunciadas como si nada en Quito, vienen a dar en el clavo sobre cuál es el pensamiento profundo de Francisco. Cosa que le agradecemos porque curiosamente coincide con las tesis marxistas de sus teólogos favoritos de la Liberación y más cercanas a la Leyenda Negra. Que un Papa hable de la evangelización española en América con ese desprecio larvado no puede ser por incultura o despiste. Tiene una palabra: rencor y maldad.

Me imagino ese susurro de Jesús en la última Cena como un grito en esta misa que celebramos en «El Parque Bicentenario». Imaginémoslos juntos.  El Bicentenario de aquel Grito de Independencia de Hispanoamérica. Ése fue un grito, nacido de la conciencia de la falta de libertades, de estar siendo exprimidos, saqueados, «sometidos a conveniencias circunstanciales de los poderosos de turno»

Y es que se impone el indigenismo y el pachamamismo. Sobre todo el día anterior a la visita a Evo Morales, que ya se sabe que es un adorador de los dioses más modernos del Olimpo Boliviano. Los dioses del Antiguo Testamento por los que tanto luchó el Pueblo Elegido con la ayuda de Dios (su santo brazo), se van imponiendo ante las evangelizaciones a base de proselitismo basado en el descarte. No tengo palabras.images

Esto es lo que tenemos. Miren si no, el corto video con unas palabras improvisadas en la puerta de la catedral de Quito. Cicerón era un novato y Demóstenes un chiquilicuatre al lado de esto. Pero se ve la maldad de fondo. Se percibe la baba concomitante. Y todavía dicen algunos que podría haber citado a García Moreno. Otro que para Francisco está bien caducado.

Les he dicho a mis hermanos frailes (todos felices y contentos), que a mí me están sirviendo de mucho las palabras de Francisco. El Señor le dijo a San Pedro: Confirma a tus hermanos. Y desde luego este sucesor lo está haciendo. Cada día que pasa, me confirma más en mi fe, porque me hace ver con claridad lo que es y lo que no es. Como con los malos adivinos o con los chalaneros. Piensa mal y acertarás. Creo que me explico.

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