Como Grecia no hace otra cosa que pedir, se le está olvidando aquello de DAR, según la consigna del Señor. Parece ser que están dispuestos a gastar lo que le vayan prestando, pero no a devolver lo que le hayan prestado. O sea, como en la Teología Actual, en la que no se reconoce el estado de deuda respecto de Dios, y por tanto no hay nada que devolver. No hay deudas porque no hay pecados, no hay pecados porque Dios no se siente ofendido por nada y traga lo que le echen, y no hay nada de qué arrepentirse porque todo el mundo es bueno, si conserva la Casa Común, que es lo que a Dios le interesa. De ahí la insistencia de nuestros teólogos en que no hay pecado original, sino sólo misericordia. Tendrían que nombrar al Primer Ministro griego Teólogo de la Casa Pontificia.

Por eso no es extraño que el Santo Padre Francisco I el de las Mercedes, solicite oraciones por Grecia, para que salga de la crisis y así se sostenga la dignidad de la persona humana:

En un mensaje enviado a través del portavoz del Vaticano, Francisco dijo que “desea mostrar su cercanía” al país, sobre todo a “las tantísimas familias afectadas por una crisis humana y social tan compleja como dura”.

Francisco pidió rezar por el pueblo griego y señaló que “la dignidad de la persona debe permanecer en el centro de cualquier debate político y técnico, así como a la hora de tomar decisiones responsables”.

Es cuanto menos curioso, aunque más bien escandaloso, que estas oraciones (y esta cercanía),  no las haya ni siquiera mentado para el pueblo irlandés, que ha caído en la más baja de las indignidades al aprobar la ley de matrimonio homosexual; o que no haya solicitado oraciones por las tantísimas familias afectadas por una crisis humana y social tan compleja y tan pecaminosa (digo yo), como la aceptación de la homosexualidad por la Corte de los Estados Unidos, como carta de naturaleza para una opción más de matrimonio.

O que no pida oraciones para los que estos días celebran la pecaminosa y escandalosa semana del Orgullo Gay, con tanta ostentación de pecado, con tanto escándalo en las grandes capitales y tanta capacidad de atracción ante todos aquellos que se sienten felices al uncirse al carro del Orgullo por Pecar. La verdad es que puestos a comparar ambas crisis (la de Grecia y la del Totalitarismo Gay), yo creo que más bien habría que pedir por esta última.

Claro que muchos de los Cardenales y Consejeros del Pontífice están felices con estas últimas cuestiones. Muchos de ellos están en el Orgullo Guay. No se sabe de muchos que hayan denunciado la situación, ni hayan solicitado oraciones ante la Injerencia Suprema de las Organizaciones Sodomíticas en contra de las minorías que no piensan como ellos. Ellos, que aman tanto las minorías. El caso es que protestamos por la matanza de focas y nos callamos ante la matanza de almas.

Esto me recuerda aquello que decía Jesús de tragarse un camello y colar un mosquito. Sólo que en este tema están en juego almas que se perderán al comprobar las complacencias -los silencios- de la Iglesia en el nuevo Orgullo Mortal que se abre paso institucional a base de bien. Espero que estos días en Madrid, el Arzobispo Monseñor Osoro predique alguna palabra “clarificadora” sobre los pecados de impureza, la sodomía y la soberbia de reírse de Dios.

Y espero también que el Papa, en su periplo por Hispanoamérica de esta semana, en el que tiene programadas diversas visitas para comer con jesuitas, (síntoma de capillismo hacia la propia Orden), les advertirá que les cierra las Universidades Católicas si siguen organizando eventos Pro-Gays. Seguro que hablarán de eso en la comida, antes del café y de la coca.

 

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