La Teología es la ciencia de Dios. La Ciencia por antonomasia, tal como definió y estructuró Santo Tomás de Aquino. Por su objeto, es la ciencia más elevada. Y por su finalidad es la Ciencia más digna. Nos lleva nada más y nada menos que a conocer a Dios y a profundizar en su Ser, a la luz de la Revelación. De ahí brota necesariamente el conocimiento de la Creación material, los ángeles y el hombre. La búsqueda por parte del hombre de su Fin Último que es Dios, la Gracia por la cual recibimos el impulso necesario para obrar bien, Jesucristo -el Verbo Encarnado-, que nos da la Gracia por medio de sus sacramentos. Tanto los Santos Padres, con su Teología más incipiente de los primeros siglos, como luego la Teología Sistemática especulativa (con Santo Tomás de Aquino a la cabeza), han configurado el Cristianismo buceando en la Revelación. Y siempre, por suspuesto, con la necesaria ayuda de la Fe.

Todo parece indicar que ahora, en lo que podríamos llamar el decurso de la actualidad, conviene elaborar una Teología distinta a la que siempre se ha hecho. En los tiempos que corren y que vivimos, el Hombre anda como loco exigiendo sus derechos, mientras la ONU (y todos sus bajos fondos mundiales) van imponiendo sus deberes, sus propósitos macabros de planificación e ingeniería social de todo tipo. Educativa y Familiar. Individual y Cultural. Etica y Religiosa. Y eso crea unas expectativas para el hombre, que dejan muy en último lugar lo que algunos cursis -a la vez que malvados-, llaman el fenómeno religioso. Así, con estos prolegómenos, hacer Teología-de-la-de-siempre, resultaría bastante aburrido porque (de nuevo los malvados), no reflejaría los problemas del hombre actual, enredándose en cuestiones inservibles e indigestas para sus entendederas modernas.

Está claro que si esto viene de la Unesco o de Madame Clinton, es una postura perfectamente lógica puesto que cae dentro de sus planteamientos y proyectos. Esta aspirante a Presidenta, quiere acabar con la influencia de la religión en las costumbres que tiene la Humanidad y no la deja avanzar. Piensa que es mucho mejor que se dejen influenciar por ella misma y su progresismo pagano e insolente. Lo peor es que estos planteamientos andan rondando por nuestros ambientillos cristianos, apareciendo claramente en algunas consignas muy extendidas en los medios católicos. Esto ya no me deja indiferente.

Por ejemplo, el pasado mes de marzo, el papa escribía una breve carta al Cardenal Poli con motivo del Centenario de lo que en otro tiempo fue la Universidad Católica Argentina, antes de las rebajas. Carta que suscitó una contundente respuesta-comentario de mi querido hermano de religión Fray Tomás de Aquino, muy bien elaborada y aportando argumentos concluyentes. Merece la pena leer las dos para comprobar la Nouvelle Theologie de estos tiempos, que denuncia Fray Tomás, con el contraste de fondo de la Teología Populista o Popular que se desea imponer (cargándose, claro está, la de siempre).

Hay párrafos en la carta del Papa, que podrían haber sido escritos por un grupo de teólogos indignados -en jeans y chaquetilla vaquera, con barba y alguna cruz franciscana colgando de la zamarra-, resueltos a acabar con la Teología de Siempre. Claro está que todo esto viene aderezado -cómo no-, con la necesidad de la misericordia (que para eso estamos en-el-año-de-la-misma). Se plantea todo como un binomio cuya primera parte hay que promocionar, al tiempo que hay que evitar (puaj!!) la segunda parte. Y a mí que me da la nariz que los segundos calificativos van dirigidos a la Teología de Santo Tomás de Aquino, o sea, a la pérfida teología Pre-conciliar: (otro puaj!!). Así, vemos en la susodicha carta los dos ejes (el bueno y el malo) que definirá al teólogo (bueno o malo).

  1. Teología de Fronteras versus Teología de Castillo de Cristal.
  2. Teología de las necesidades de las personas, versus Teología de disputa académica.
  3. Teología basada en los procesos culturales versus Teología basada en la Revelación y la Tradición.
  4. Teología de los Conflictos que se viven en las calles, versus Teología de Despacho.

En cuanto a los teólogos, necesitamos…

  • Teologos que huelen a pueblo.
  • Teólogos que derraman ungüento y vino en las heridas de los hombres
  • Teólogos de hospital de campo.
  • Teólogos que no quieran domesticar el misterio
  • No a los Teólogos de museo
  • No a los Teólogos balconeros

Como puede verse con facilidad, los términos y expresiones suponen un elaboradísimo análisis de la situación y un conocimiento profundo de la teología, digna de acabar con todo el tesoro secular de lo que es y significa el conocimiento teológico.

Y un consejo o perla final:

El teólogo formado en la Universidad Católica Argentina, ha de ser una persona capaz de construir en torno a sí la humanidad, de transmitir la divina verdad cristiana en una dimensión verdaderamente humana, y no un intelectual sin talento, un eticista sin bondad o un burócrata de lo sagrado.

Todo esto se encuentra en el texto de la brevísima pero intensa carta. Creo que los referentes de las segundas partes del binomio deben tener, con toda seguridad, cara de pepinilos en vinagre. Porque no puede ser de otra manera si están en un castillo de cristal, en constantes disputas académicas, sin olor a calle, sin conflictos ni fronteras. La verdad es que dedicar hoy día algunos ratos de estudio o de reflexión teológica al Ser Divino, no es aconsejable. Mejor darse una vuelta por los arrabales, las periferias y las fronteras.

Una vez promocionada y aupada la Pontificia Universidad de los Arrabales, será más fácil estudiar allí (pero fuera de las aulas, sentados en el césped), la Teología de Rodillas y la Teología del Conflicto. Me parece estar viendo ya a mis novicios modernistas volver de Roma con su título doctoral bajo el brazo. Doctores en Teología de Barrio con la especialidad en Olor a Conflicto. O con un Master en la Madre-Tierra, basado en el estudio pormenorizado de la nueva publicación que se nos viene encima un día de éstos.

Con esta teología de fondo, se puede entender mejor un breve episodio ocurrido durante la visita del Papa a Bosnia esta semana. Ante la pregunta de alguien sobre los consejos para enfrentarse el cristiano con internet, el Santo Padre dice claramente que no hay que entrar en contenidos sucios porque quitan la dignidad de las personas.

Si tú joven vives pegado al ordenador, y te haces esclavo del ordenador, pierdes tu libertad. Y si con el ordenador buscas contenidos sucios, pierdes tu dignidad. Ved televisión y usad el ordenador, pero para cosas buenas, cosas grandes, cosas que nos hagan crecer”.

Esta es la Teología de los Arrabales con olor a pueblo. Porque antiguamente, alguien habría dicho (desde la Teología de Despacho), que enredarse en suciedades de internet es un pecado mortal. Cualquier pastor al que todavía le quede tiempo para confesar, sabe que las ovejas están cayendo como moscas en el pecado mortal habitual y repetitivo, por culpa del manejo de internet. Hablar de perder la dignidad sin referirse al pecado, me parece algo extremadamente grave. Así que yo me quedo con la Teología de Siempre: aunque sea de museo para algunos y de despacho para otros. Quizá por ese lado se puedan salvar más almas.

 

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