El descalabro monumental sufrido por el Partido Popular en las recientes elecciones y la desolación que sufren sus mandamases al sentirse abandonados por millones de votantes, deja claro que los españoles han castigado la traición perpetrada por unos líderes, que abandonaron sus principios, ideales y modos de gobernar de las primeras épocas. Siendo católicos la gran mayoría de aquellos votantes, se sintieron antaño cobijados en él, con la esperanza de regenerar una España que acababa de salir de los años negros del Socialismo. Pero bueno, como yo no estoy sumergido en estas cuestiones de la política, ni es mi oficio hacer consideraciones más allá de mi celda, no analizaré en profundidad ni el resultado, ni las causas, ni lo que se nos puede venir encima en esta España otrora católica, y ahora más desangelada que el propio Partido Popular.

Si traigo hoy este tema como comentario, es porque me quedé divertidamente sorprendido al escuchar al día siguiente de las elecciones, las explicaciones de Mariano Rajoy, Presidente del Partido y Presidente del Gobierno:

Llevo muchos años en este partido, lo conozco bien y estoy muy cómodo y muy tranquilo. No tengo previsto hacer cambios en el Gobierno ni en el partido. No me parece que el problema venga de cambiar o dejar de cambiar

Y es que se me venían a las mientes las declaraciones descarnadamente optimistas -descaradamente optimistas-, que han venido haciendo tantos y tantos eclesiásticos (de alto y bajo rango),  desde los últimos 40 años. No hay que cambiar nada, estamos tranquilos, todo va bien y nos sentimos cómodos.

El monumental desastre que ha sobrevenido a la Iglesia tras el Concilio Vaticano II, debería haber necesitado una auto-crítica (como se dice ahora) que pudiera explicar el desastroso resultado de aquella inspiración del Espíritu Santo al Papa Roncalli. Por lo visto estuvo muy poco inspirado, sea dicho con todos los respetos y si me permiten la ironía. Al menos, a la vista de los resultados.

Llevamos en la Iglesia 40 años diciendo -como ahora Rajoy-, que aquí no pasa nada, que nos sentimos cómodos, que no hay que hacer cambios, que el Concilio se ha maliterpretado, que no se han recogido los verdaderos frutos que salieron de él… y un largo etétera de insensateces, bulos, mentiras y trolas de diverso calibre. Todo ello para intentar absolver al Concilio y sus secuaces de lo que se vino encima en los años inmediatamente posteriores.

Hasta hubo alguna lumbrera (cuyo nombre desconozco), que llegó a descubrir un maravilloso axioma: Post hoc, sed non proter hoc, para indicar que todo el desastre había venido después del Concilio (en el tiempo), pero NO a causa del Concilio. O sea, como Rajoy. Los Obispos se sentían cómodos, y su desvelo pastoral debía escorarse hacia el intento de hacer ver a sus ovejuelas que todo esto que pasó, pasó porque tenía que pasar, y pasó después de lo que pasó, pero no a causa de lo que pasó. No es extraño que desde entonces multitud de católicos entraran en el grupo de los tontos de capirote, pazguatos y bobalicones, desorientados y desnortados, o simplemente malvados, mientras muchos de los Pastores entraron en el grupo de los Timadores de Oficio y Estafadores Doctrinarios.

Y es que hoy día se sabe que para destruir una Institución, no hacen falta suicidas con una docena de bombas en el chaleco. Se puede destruir todo mucho mejor desde dentro: Obispos que quieren acabar con el depósito de la Fe, sacerdotes que no creen en el sacerdocio, catequistas que ni se saben el Catecismo ni les importa, tribunales matrimoniales que no creen en la indisolubilidad del matrimonio… y así podríamos seguir.

Estos deberían fundar un partido político que se llamara Derribemos. Podrían presentarse como esos jueces que no creen en la judicatura, o los políticos que juran la Constitución y no creen en la Constitución, o los parlamentarios que no creen en el Parlamento y se pasan unos años cobrando, para poder cargarse desde dentro las susodichas instituciones.

Así pues, sigamos la consigna de que debemos estar tranquilos. Estamos en la Primavera de la Iglesia. Todo va bien desde 1965. La pérdida estrepitosa de vocaciones junto con la batalla emprendida contra el celibato sacerdotal, las catequesis convertidas en sesiones psicológicas para niños pazguatos, la obediencia de las ordenes religiosas completamente destruida, el Magisterio anterior eliminado, los sacramentos convertidos en eventos sociales (puesto que ya no se cree que den la Gracia), los dogmas puestos en duda, la juventud alejada de la práctica católica (aunque muy cercana a todas las JMJ que les organicen), el matrimonio anulado, la vida religiosa relajada, el marxismo, el populismo y las simpatías por los comunismos, promovidos desde lo Alto… todo eso no son más que apariencias, infundios, engañifas y paparruchas. Porque en realidad, -dicen los Pastores con Olor a Oveja-, todo va bien. ¡¡ Y pobre de la oveja que no esté de acuerdo !!

Con este panorana, ¿alguien se puede extrañar de lo que ha pasado en Irlanda? La destrucción del catolicismo irlandés, ¿ha sido post hoc o ha sido propter hoc? Yo pienso que efectivamente también ha sido post hoc, como en España. O sea, después del abandono de las ovejas por parte de sus Pastores, que miraban a otro lado, mientras el lobo se ponía en plan gourmet a zamparse la merienda. Y por supuesto, ha sido a causa del terremoto ideológico que supuso aquella proeza de abrir las ventanas del Vaticano a todos los aires, corrientes, culturas y masonerías.

Mis novicios modernistas, que se pasan la vida de peregrinaciones, alternando con las chicas de las catequesis y pastorales cercanas (a veces excesivamente cercanas), completamente mundanizados y sumergidos en lo más granado de las últimas tecnologías, pero que no estudian nada, ni se espera que lo hagan, están encantados (como Rajoy) con la actual situación de la Iglesia y de España. Al fin y al cabo han percibido que en las Altas Esferas de la Iglesia, se ven con gusto los programas de Podemos y demás familia. Vamos, que si se consultara a alguna autoridad que yo me sé, imagino por dónde iría el sentido del voto.

Si al final reacciona el Partido Popular y manda a Rajoy a freir espárragos, creo que no hay que preocuparse por el futuro de tamaño personaje. Está perfectamente capacitado para recibir una mitra. Porque él, como tantos y tantos Obispos de la Católica Iglesia, se siente tranquilo y cómodo.

¡¡Enhorabuena por estos maravillosos resultados electorales, Monseñor Rajoy!!

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