Según Nuestro Señor, esto es lo que habría que atar al cuello de los que escandalicen a uno de los pequeñuelos que crean en Él. Asegurado el nudo, se les arroja al mar y las posibilidades de salir a flote serán bastante escasas.thNo me encaja que estas palabras tan duras las haya dicho el Señor y las hayan transmitido San Mateo en el capítulo 18 y San Lucas en el capítulo 17. Parece mentira, pero estas amenazas/castigos de Jesús no se llevan bien con la imagen que transmite la reciente, apasionante y fulgurante Bula recién estrenada con ese lema tan electorero: La Misericordia cambiará al mundo.  Seguramente estas frases del Señor iban dirigidas a todos los que escandalizan a sus semejantes cuando hablan de que estamos en un momento grave en la Iglesia o a los que denuncian ciertas conductas de este papado que se dan de narices con el Papado. O quizá se referiría a los que escandalizan a los amantes de la misa-fandango, celebrando Misas con encajes; o a los que insisten en que los adúlteros no pueden comulgar, frente a los que quieren comulgar, aunque sea con el peligro de las ruedas de molino.

Tiene que ser así, porque en caso contrario, habría que quitar estas palabras de los textos evangélicos y decir que son un añadido de la comunidad. A saber cómo las interpretará la Teología de la Liberación –ahora renaciente de sus cenizas marxistas– publicitada con ardor en el Vaticano por Fray Gustavo Gutierrez, de la Orden de Predicadores: Serán los ricos empresarios los del merecido pedrusco al cuello y/o todos los que no se arrodillan al pasar junto a un pobre, aunque ante el Santísimo Sacramento se queden como si pasara por delante una carroza del carnaval. El caso es que, visto desde la perspectiva eclesial actual, estas amenazas de Jesús, no dejan de sorprender. ¿Dónde está aquí la misericordia del Señor?

Sin embargo es interesante releer despacito lo que dice el Señor a continuación. La piedra de molino hay que atarla al cuello “del que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí. O sea, que es el escándalo de la fe. O sea, que se trata de aquellos que causan escándalo, que promueven la duda, la incertidumbre o la vacilación en la fe y por eso mismo han provocado el abandono de la fe en muchos sencillos y discretos fieles.

Porque los que creen en Jesús y han creído en sus enseñanzas y las han aceptado porque confían en Dios, tienen ahora ante sí a un buen número de pastores que les incitan a no fijarse (enquistarse, dice alguno) en la doctrina de siempre y a abrirse a los nuevos tiempos. A no mirar al pasado (categoría mal-vista en estos días) y abrirse a las sorpresas de Dios. Efectivamente sería una gran sorpresa que Dios quisiera ahora que la Sagrada Comunión pueda compatibilizarse con el pecado de adulterio. Sería una enorme sorpresa que ahora Dios no diera importancia a los pecados contra natura. Y es una colosal sorpresa que se compartan discursitos con una obispa luterana (¡¡) con el siempre manoseado pretexto del ecumenismo. Pretexto que no absuelve de la gravedad de esta blasfemia, que supone para un católico compadrear con el sacerdocio femenino de estos hermanos separados y bien separados.

Y así podríamos seguir.

Yo creo que más que una sorpresa de Dios, hay en estas acciones, palabras y doctrinas, una situación que habría sido definida por nuestros abuelos como capaz de quitar el hipo, llevarse las manos a la cabeza o quedarse patidifuso. Por decirlo de forma coloquial. Esto es lo que tenemos. Más que sorpresa de Dios es traición por sorpresa de los que tendrían que defender el Fuerte. El Conde Don Julián pro-islamista del siglo octavo, era un niño de pecho al lado de muchos donjulianes de ahora.

El pedrusco como corbata es sin lugar a dudas para los que escandalizan con sus palabras, actos y maneras (o falta de maneras), a aquellos a quienes tendrían que consolar, reafirmar y reforzar en la fe. Ni más ni menos. Y esto, tanto en lo dicho en directo, como en lo que se permite, se impulsa y se azuza. Parece que en este tema ya inventó Jesús la tolerancia cero (que ahora se aplica solamente para lo que yo me sé). Es como si nos hubiera dejado dicho: Al que cambie una sola de las palabras de mi doctrina o las interprete a su antojo con el correr de los tiempos, por favor, ponerle la piedra de molino rápidamente.

 Si Dios no lo remedia, vamos a necesitar muchos pedruscos de éstos en los próximos meses. Aparte de los que necesitamos ya mismo. Lástima que no los vendan por internet, porque el transporte es carísimo. Imagino lo que costará enviar siete u ocho de estos a Alemania… o donde haga falta.

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