Esto es lo que necesitan los cristianos rígidos. Una banana ante sus pies, para que resbalen y pequen y así puedan aprender a ser menos rígidos y más misericordiosos. Esta es la consigna del papa emitida, proferida o vomitada ayer, si me lo permiten ustedes. Una nueva vuelta de tuerca, con mensaje claro a los que se atan a la disciplina de la Iglesia.

Hombre, yo creía que lo que hay que hacer es evitar el pecado; y siempre había entendido que la disciplina de la Iglesia, que con tanta displicencia es mentada en el sermoncito de Santa Marta, es algo necesario que nos ayuda, nos lleva de la mano, nos sirve justamente para eso mismo. Por supuesto, como todo, si se saca de sus límites, se convierte en algo rígido e hipócrita. Pero también creo que es verdad que si se pasa olímpicamente de ella, se hace mal. Claro que para este Papa, que anda intentando cargarse la Ley Natural apoyando (con tantas simpatías) a los homosexuales que quieren comulgar y que se quieren casar; que anda intrigando para dar la Comunión a los divorciados o que anda dando instrucciones constantes para que se olvide todo lo que huela a verdad permanente y/o a dogma en la Iglesia, despacharse con esta soltura unas cuantas leyes eclesiásticas, es una cosa sin importancia.

Tal vez alguno de ustedes lo recuerdan. Ni siquiera se podía tomar una gota de agua. ¡Ni siquiera! Y para lavarse los dientes, se tenía que hacer sin tragar agua. Yo mismo de muchacho fue a confesarme de haber hecho la comunión, porque creía que una gota de agua había ido dentro. Es verdad ¿o no? Es verdad. Cuando Pío XII cambió la disciplina – ‘¡Ah, herejía! ¡No! ¡Ha tocado la disciplina de la Iglesia!’ – tantos fariseos se escandalizaron. Tantos. Porque Pío XII había hecho como Jesús: ha visto la necesidad de la gente. ‘Pero pobre gente, ¡con tanto calor!’. Estos sacerdotes que celebraban tres Misas, la última a la una, después de mediodía, en ayunas. La disciplina de la Iglesia. Y estos fariseos eran así  – ‘nuestra disciplina’ – rígidos en la piel, pero como Jesús les dijo, ‘putrefactos en el corazón’, débiles, débiles hasta la putrefacción. Tenebrosos en el corazón.

Lo que me ha irritado esta vez, ha sido que se utilice el nombre de Pío XII para decir que nos liberó de la disciplina del ayuno eucarístico. Ahora ya no me queda duda de que este hombre no habla por hablar, sino que es un sofista y un engañador y puede que me quede corto.

Puestos a comentar las cosas de las que nos liberó Pío XII, podría haber hablado de su encíclica Humani Generis, que nos liberó del neomodernismo (aunque sólo por unos años), de su encíclica Mediator Dei, que nos liberó de doctrinas heréticas y enseñó verdades fundamentales sobre la liturgia y especialmente sobre el Sacrificio de la Misa, ahora pisoteadas; de su encíclica Mystici Corporis, que nos liberó de doctrinas protestantes y habló de la Iglesia como Cuerpo Místico de Cristo, ahora fulminado en la vaporosa doctrina del Pueblo de Dios; que nos dejó instrucciones bellísimas sobre la música sacra, y nos liberó de las misas criollas de Su Santidad; que exhibió en todo momento un estilo y un porte pontificio, y nos liberó de las patochadas presentes y las que nos esperan en el futuro. Ver una grabación suya es respirar aire puro, aunque luego necesitemos una cáscara de banana para despertar de nuestro sueño dogmático.

Desde luego, Pío XII nos liberó, sin lugar a dudas, de un Papado vulgar, zafio, cochambroso y vergonzoso.

Pero no. Ni una palabra sobre la importancia del ayuno eucarístico. Ni una palabra sobre el desmadre posterior. Ni una palabra sobre el peligro de comer el Cuerpo del Señor sin estar preparado. Al contrario, todos a comulgar. Y los primeros los divorciados, los maricas y los adúlteros. Los demás, ya se sabe, comulgan con hipocresía. Ni una palabra sobre el sentido de respeto que conllevaban aquellas denostadas leyes eclesiásticas. ¡Qué manera de hablar con desprecio!

Si esto es lo que dice en público, qué será lo que comente en privado, las instrucciones que se distribuyan entre los sátrapas más fieles, las actuaciones directas para las convenientes purgas o las normas estrictas para el funcionamiento de las guillotinas….

Necesaria Despedida

He escrito ya demasiadas veces sobre este tipo de denuncias proféticas. Ya no me quedan fuerzas. Entre la vejez, las dificultades de los ojos para trabajar ante estas malditas pantallas de ordenador, entre la guerra a muerte que se está gestando contra todo lo que suponga aferrarse a la Iglesia de siempre, y los pequeños toques cardiovasculares… me recomiendan mis allegados muy seriamente que deje de escribir. Así lo voy a hacer, sin duda.

Siempre aconsejo vivamente a todos aquellos con quienes hablo, que no se desanimen ni se desesperen. Que se aferren a los buenos pastores. Gracias a Dios, internet está suficientemente dotado de buena doctrina, si se sabe hacer una correcta selección. Hay que huir de los malos pastores, de los pastores que son lobos con piel de oveja. Porque ya parece que ha llegado el tiempo en que se cumpla, más plenamente que nunca, la profecía del libro de Zacarías, 11, 16-17:

He aquí que suscitaré en la tierra un pastor que no cuidará de las ovejas que se pierden, que no buscará las descarriadas ni curará las heridas, ni alimentará a las que están sanas; sino que comerá la carne de las gordas y les romperá las pezuñas.

¡Ay del pastor inútil, que abandona el rebaño!

¡Espada sobre su brazo y sobre su ojo derecho!

¡Que se seque completamente su brazo y oscurézcase del todo su ojo derecho!

¡¡Que Dios nos asista!!

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