Todo régimen totalitario acaba en terror. La historia lo ha demostrado suficientemente. Es que el totalitarismo lleva dentro de sí algún gen draculiano, sediento de la sangre de los que estorban, sean enemigos declarados, sean personajes molestos para el déspota. La Revolución Francesa, tan amante ella de las libertades de todo tipo, tiene en su haber muchos asesinatos. La historia ha escrito precisamente el Terror (con mayúscula) como la etapa más sanguinaria de esta época, que llegó para liberarnos de la opresión y de la injusticia. A base de guillotinas, claro está.

En el siglo XX fue precisamente el comunismo el que se consiguió un puesto en el Guiness de los Records, porque mató a muchos más que el denostado Hitler, que al lado de Lenin, Stalin y sus compinches era una hermanita de la caridad. Claro que esto no se puede reconocer así de forma oficial, porque es un pecado mortal de esos que ya no se contablizan en los confesonarios, pero puede costar la cabeza al que se atreva siquiera a comentarlo. El Libro negro del comunismo, publicado en 1997 calcula en más de 100 millones de muertos el costo de la broma histórica. Pero estas cifras no las cree nadie, porque ya se encargan los animadores socioculturales de la prensa (y también de la Iglesia), de convencernos de que estos infundios no se corresponden con la verdad. Como si a ellos les importara la verdad. Cómo será, que hasta la Iglesia Española celebra uno de estos días la fiesta de los Mártires del siglo XX para referirse a los miles y miles de sacerdotes y religiosos asesinados por el Terror Rojo (de nuevo las mayúsculas), sin mentar para nada al comunismo pro-soviético, responsable en la persona de ese ángel de luz llamado Santiago Carrillo, ahora héroe nacional con calle en Madrid y todo. Q.e.p.d.

libro negroPero bueno, lo que yo quería comentar hoy es que hay otros modos de hacer purgas cortando cabezas metafóricamente, claro. De esto entienden mucho los políticos “demócratas”, que no dudan en quitarse de encima a todo el que no les diga al oido que es fabuloso, que es un genio y que no hay nadie como él.

También la Iglesia, en estos días felices de superación de los tics conservadores de años anteriores (!!!!!), tiene su particular modo de hacer las purgas para los protestones del siglo XXI. Porque hay que saber, que así como las Altas Esferas se encandilan y quedan boquiabiertas con los protestantes, se ponen muy rabiosas con los protestones. Y como alguno se atreva a abrir la boca, ¡zás!, se le manda a la Isla de los Insolentes, que es un lugar del Pacífico adonde no llegan ni las gaviotas. Se les descalabra de su puesto, se les visita, se les misericordiea, se les hace una inspección y se les quita de enmedio. Por insolentes manifiestos y cantaclaros. Ya comenté hace unos meses el sistema de las Guillotinas Fulminantes para las Instituciones Molestas, aunque ahora se va imponiendo el del Terror de las comidillas, cotilleos, dimes y diretes fomentados desde Arriba, para conseguir otro terror: el del miedo a no ser amado por el Jefe. Y ya se sabe que todo el que no es amado por el Jefe se va a la Isla de los Insolentes en un abrir y cerrar de ojos. Véase por ejemplo, al otrora enemigo del cardenal Bergogglio cómo elimina fulminantemente a la Sociedad de San Pío X para ver si consigue alguna prebenda. Es de suponer que acogerá al mismo tiempo al Colectivo Homosexual de turno. Más que nada para compensar. Muy interesante el artículo que le dedica Página Católica.

Sarlinga en el muro de los lamentosYo estoy ya tan viejo, que incluso me daría gusto que me enviaran a la isla de marras, porque allí al menos habrá tranquilidad. En estos conventos de hoy día, hay de todo menos silencio. Echaría de menos a mis novicios porque ya no me podría reir tanto como ahora y sacarlos de su error al seguir a los teólogos modernos, que les dan enseñanzas anti-católicas. Pero ya me da igual si me misericordiean.

Pero desde luego hay una lista elaborada ya por los sicarios activos, para buscar a cualquiera que no cumpla las condiciones que se requieren en esta nueva Iglesia. Esas listas se elaboran en el Centro de la Cristiandad y se envían inmediatamente a los sátrapas. Cuanto más “tridentinos” sean, antes irán por ellos para darles el paseillo. Y cuando ya no queden de éstos, se aplicará la guadaña pontificia al siguiente círculo, y así sucesivamente. A este paso, hasta la Isla de Malta se va a llenar de púrpuras.

guadañaClaro que la Historia también nos ha enseñado otras cosas. Al mismo Robespierre la cayó encima la guillotina que él mismo había aplicado en tantos cuellos enemigos y amigos. En ese momento le abandonaron todos. Así es la vida. No olvidemos que la Historia se repite. Y si no la repiten los hombres, al final de todo será Dios quien la reescriba.

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