No suelo ser miedoso, pero desde luego hay algunas cosas que dan mucho miedo. Estos días anda todo el mundo ocupadísimo con el Hallogüin ese: unos para exaltarlo, otros para denigrarlo por anticristiano, y otros (como los Grandes Almacenes) para venderlo. Todos hablando de él. Pero a mí, me da mucho más miedo Sor Cristinita que cualquier otro monstruo de narices largas, cabeza cortada o terror plastificado. Al ver a esta monja-cantante, o si lo prefieren a esta cantante-monja, se me agudizan las entretelas del pánico, el pavor y el sobrecogimiento. Porque ver sus declaraciones, sus actuaciones, sus discos y sus éxitos discográficos, produce en mi mente frailuna alucinaciones inusuales.

Lo que pasa es que estamos tan acostumbrados en estos tiempos a ver locuras y desatinos en las altas-alturas, que ya no nos llama la atención cualquier desatino, insensatez y dislate que veamos en las capas más bajas. Si así va el abad, cómo irá la comunidad, decía mi abuela. Pues eso: si así va esta monja, y nadie aparece para decirle nada, es porque por arriba las cosas están en situación de coma irreversible.

Después de su famoso éxito en el programa televisivo con tipos con cara de demonios (que eran los jueces nada menos), se ha lanzado a la grabación de un disco con sello propio, en el que utiliza una canción de la ya conocida Madonna, cristiana declarada, católica de pro y probablemente miembro de las Congregaciones Marianas de su pueblo natal. Conocida entre otras cosas -según me informan mis novicios modernistas-, por sus álbumes discográficos llamados Inmaculate Collection, en un alarde de fe profunda y de amor a la Santísima Virgen. Cualquier fotograma de esta ferviente lujuriosa, puede dañar la sensiblidad del espectador.

Pues bien, la canción elegida por nuestra monja es la que Madonna tituló Like a virgin, en un derroche de soltura imaginativa para poner en solfa la virginidad que ella aprendió seguramente en las catequesis, aunque parece ser que nunca la vivió. Un desatino monumental de la monja, ante un descaro irrepetuoso y blasfemo de la diva americana. Y la carátula del disco elegida para la venta tiene también su chispa. Todo muy monacal, en postura de profunda adoración.

thEs que, nos dice en una entrevista, se puede evangelizar de modo nuevo, para la nueva Iglesia que quiere este Papa. Toma, pues claro que sí. Es que esta letra de la cancioncita virginal, se puede entender en clave cristiana y de amor por Jesús. Pues qué bien. La letra de la cancioncita de marras, es como para poder aplicarla a la vida de una religiosa. Aunque claro está que eso se podía poner en duda en los tiempos de la antigua evangelización, no en esta nueva Iglesia de Francisco.

Digo que muy mal deben andar las cosas cuando nadie con autoridad (puaj, que palabra tan anticuada) se atreve a decirle a la jovencita con hábito, que se lea la vida de Santa Angela de Merici, su fundadora, y que se dedique a barrer en el convento, que seguro que tiene barriendo a las viejecitas, mientras ella graba sus discográficas peculiaridades para intentar que Madonna se fije en ella y le dedique unas cuantas palabras en alguna entrevista de burdel. Solicitando limosna, vamos.

Esto es como si Jesucristo, al llegar apresado al palacio de Herodes y ante la petición de algún milagrito o algún espectáculo divertido, se hubiera puesto a cantarle a toda la corte la canción de los Santos Inocentes, pero cantada en clave cristiana, claro.

Me niego a poner enlaces, porque no quiero contribuir al cachondeo general por esta niñata con hábitos, habitualmente superficial. Aunque ella no tiene toda la culpa. La tienen sus superioras, sus provinciales, sus generalas, los obispos de turno y toda la cohorte de pasmarotes católicos que la aplauden. Una buena tunda física y pedagógica en su momento, o una invitación a grabar discos en su casa previo desalojo del convento, hubera sido mucho más grata a Nuestro Señor, digo yo.

Así que a mí, los Hallogüines ya ni me importan. Sor Cristina cantando a Madonna, me produce tal terror corporal y espiritual, que prefiero soñar con el cardenal Maradiaga o incluso con Kasper enseñando la dentadura en clave neoevangelizadora.

 

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