Los que cargamos ya sobre la espalda muchos años y consiguientemente muchas dolencias y padecimientos, no dejamos de estar preocupados por Su Eminencia el cardenal Kasper, porque parece excesivamente locuaz, parlanchín y descalificador de todo lo que sea tesis contraria. Ya lo comenté hace unas semanas, pero la verdad es que lo que hoy me preocupa, ante la inminente apertura del Sínodo de la Anti-Familia, es que Mons. Kasper está tan auto-satisfecho con sus invetigaciones teológicas, que me da la nariz que va a tener pronto un grave problema. Eso de llevar tantos años haciendo teología de rodillas, va a terminar en una artrosis galopante, que lo va a dejar más tieso y rígido que un carámbano en plena temporada. Va a terminar pareciendo un iceberg que se desplaza por los periódicos y revistas que gozan con sus declaraciones -siempre expresando el pensamiento del papa-, esas revistas “de su cuerda”, mostrando siempre al exterior, como los grandes témpanos, una novena parte de lo que lleva por debajo. Porque el iceberg teológico del cardenal Kasper es de aúpa.

icebergY es que todos estos personajes que nos quieren vender su producto, piensan que nos tienen en sus manos si presentan las cosas con las etiquetas de la misericordia, de la comprensión y el acercamiento, aunque a mí me llama la atención que siempre utilicen el adjetivo moderno, para transmitir todos sus desmanes y dar cuenta pública de todas sus tropelías.

Así, sería moderno el modelo de familia que no es  ya el matrimonio clásico al modo clásico y con las características clásicas. Sería moderno el estudio de la figura de Jesús, sin los condicionantes clásicos de la teología clásica y los presupuestos clásicos. Sería moderno el análisis de la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía sin la filosofía de fondo clásica, que lleva a una comprensión clásica de algo que modernamente se entiende de otra manera.

O sea, que todo lo moderno es fabuloso y merecedor de nuevas oportunidades, mientra todo lo clásico ha pasado de moda y por ello mismo se aleja a grandes zancadas de la tan maravillosa modernidad.

Ante el modelo de familia moderno, la Iglesia debe buscar formas de acercamiento y comprensión, que permitan quitar los obstáculos que la separan de tantos buenos cristianos que son acusados de pecadores, por una Iglesia anquilosada y anticuada. Esto es lo que vienen a decir. Y eso es lo que mis novicios modernistas, como tantos cristianos, se tragan con una capacidad de engullir tonterías, que me deja atónito.

De toda la vida, se ha presentado cualquier cosa como moderna para intentar captar la atención de los tontos. Aquí no aplican los modernistas su propia filosofía relativista de que una cosa era moderna en su tiempo, pero ahora puede que no lo sea. Por eso yo me muero de risa en la recreación de cada tarde, cuando oigo decir que estamos en el siglo XXI y ya es hora de revisar estos conceptos que se han quedado anticuados. Estos tontos no saben que ya en el siglo XIV, el Kempis apareció como propio de la Devotio Moderna y Guillermo de Ockham decía que era exponente de la Vía Moderna de la filosofía. Así que ya ven ustedes. Los productos modernos se han quedado para vestir santos.

Y es que ocurre siempre lo mismo. Lo que parece que es moderno, puede que sea de lo más añejo, apolillado y obsoleto. Y por eso ya desde el Paraíso, cuando el Demonio quiso perder al hombre le presentó las cosas de este modo: seréis como dioses y se presentará ante vosotros un mundo nuevo, cuando conozcáis el bien y el mal. Hombre nuevo, con propias decisiones y liberado de las normas divinas. Esta fue la primera novedad. El modernismo ya en el Paraíso. ¡¡Madre mía!!

Mis novicios no pueden comprender que esto anquilosa el corazón, las voluntades y las entendederas. Por eso algunos teólogos sufren de reumas artríticos. Ya lo dijo el Señor a los fariseos: Los cambios en el matrimonio los permitió Moisés, por vuestra dureza de corazón, pero a partir de ahora, no va a ser así y volveremos al principio: un hombre y una mujer para toda la vida. Y lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre, ni siquiera organizando más tribunales diocesanos que expidan urgentemente las anulaciones.

Qué cosas. El Señor les dijo que él quería volver a lo antiguo, a lo de siempre, sin modernidades que valgan. Y es que los fariseos, como tantos ahora de su cuerda, tenían anquilosado el corazón, obcecada la mente…. y las rodillas con artrosis.

Rezo en mi celda para que este Sínodo no sea moderno. Sudor frío me da pensarlo. Porque volvemos a los tiempos antiguos. Esos que Jesucristo, el Hijo de Dios, nos quiso enseñar a superar. No quisiera estar en el pellejo de los Modernos Padres Sinodales.

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