El cardenal Kasper está ofendido y molesto, o sea, cabreadete. Después de que hace unos meses fuera ascendido al Olimpo Teológico cuando Francisco dijo ante el universo mundo que este hombre hace Teología de Rodillas, ahora aparecen cinco cardenales que le cantan las cuarenta, o sea, que le dicen en las mismas barbas de su capelo, que su doctrina sobre el matrimonio y especialmente sobre los divorciados vueltos a casar no está conforme con la doctrina de Jesucristo.

Me ha dado mucha alegría que al final alguien le soltara a este teólogo de pro alguna que otra verdad de esas que duelen. Y desde luego le ha dolido, porque eso de ver que alguien le lleva la contraria y no se arrodilla ante él, ha desatado su irritación, expresada a modo de denuncia dolorida contra los que actúan de forma poco científica y con maneras poco universitarias: Me ha sorprendido. Lo supe hoy gracias a los periodistas: a ellos les enviaron el texto, a mí no. Nunca me había sucedido nada parecido en toda mi vida académica.

Y de paso me regocija también –dada mi natural mala uva frailuna-, que los promotores e impulsores de las doctrinas y opiniones de este cardenal, vean también que ellos quedan un poco al descubierto. Parece ser que hay “alguno más” que ha tenido esta misma irritación.

Y es que siempre pasa lo mismo. Estos que tanto hablan de apertura, de diálogo, de comprensión hacia los otros, se irritan llegado el momento, de que alguien pueda pensar de forma diferente. Por eso dice Kasper que espera que podamos tener un intercambio sincero y tranquilo de experiencias pastorales, de argumentos, en una atmósfera de escucha.

¡Ojo! Que debe ser un ambiente de escucha. Y claro está que la escucha debe ser hacia las novedades propuestas. Las verdades permanentes de la Iglesia y de la Doctrina no tiene derecho a este ambiente de escucha porque ya están pasadas de moda. Ya lo dice D. Walter: hay que distinguir la doctrina de la disciplina.

Amén.

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