Los llamados políticos populistas y las doctrinas que defienden, se han ganado ya en los últimos decenios el desprecio de casi todos. Menos de los que comen de su mano, naturalmente. El populista es el que pretende defender los intereses de la gente, con hechos y gestos de aparente preocupación y sufrimiento por los demás, pero que cuando llega al poder deja al descubierto que su verborrea y sus pamplinas gestuales, acaban sumiendo a los ciudadanos en una pobreza cada vez más grande y en una eliminación de las libertades más básicas. Me parece que no tengo que poner ejemplos de naciones oficialmente populistas, que han dejado por los suelos la economía y han empobrecido al país; o de naciones oficialmente no-populistas, pero con unos gobiernos corruptos incapaces de hacer otra cosa que llenarse los bolsillos de dinero y de poder.

En estos últimos tiempos hay en todas las Instituciones un más-o-menos de populismo, y no iba a ser menos en la Iglesia. Y más con el papa Francisco a la cabeza, que parece que ha mamado el populismo en su Argentina natal y lo ha querido exportar a la Sede de Pedro o a la Sede de Santa Marta, según se mire. La pobreza en la que se está sumergiendo al pueblo cristiano (ese Pueblo de Dios del que tanto dicen preocuparse), es una pobreza monumental y especialmente grave, que consiste en la reducción drástica de todas las creencias y apoyos firmes tanto en dogmática como en moral, dejándolo a merced de las opiniones y vaivenes de los teólogos de turno o del discursito de turno, o de las exigencias de la ONU de turno.tinelli y el papaDejarse fotografiar junto a una famosa vedette de la porno-televisión, o darse un besito amigable con el más famoso presentador de un porno-programa, o fundirse en el regazo de un conocido futbolista públicamente mujeriego, o darse la mano con un conocido pro-homosexual… son gestos mucho más que populistas, aunque algunos quieran ver en ellos la imagen de la actitud de Jesucristo respecto a los pecadores y pecadoras, como se diría ahora.

maradona y el papaHacer estas paparruchadas y que aparezcan en la prensa me traen sin cuidado, acostumbrado ya a meterme en mi celda y que caigan chuzos de punta. El fotografiado irá cayendo en picado con el paso del tiempo, porque estas cosas acaban cansando al personal y estos detallitos de compadreo con el prostibulerío mediático nunca satisfacen a los públicos amantes del pecado.

Pero lo que no puedo soportar es que se presenten como un acto de verdadero pastoreo de la Iglesia, como un avance en la presentación pública del Papado o mucho menos (ya parece ofensiva y cínica profanación), como una imitación de Nuestro Señor Jesucristo. Hasta ahí podríamos llegar. No lo soporto. Y precisamente he tenido que terciar en una conversación de algunos novicios incorporados este año al convento (éstos ya no son solamente modernistas, sino que encima son francisquistas, lo cual es como para ingresarlos inmediatamente en la unidad de cuidados intensivos espirituales), que aseguraban que estas fotos tan mundanas son las que se hubiera hecho el Señor si hubiera sido posible en su tiempo. Así lo leen también todos los tonrorrones papolátricos que pretenden ver solamente cosas buenas en cualquier gesto del Papa y que al mismo tiempo solamente ven cosas malas en mis frailunas apreciaciones.

Les decía yo a mis novicios toscos e ignorantes, palurdos y paletos eclesiales, que no me imagino yo ese ambientillo del partido de fútbol, presidido por Nuestro Señor. Cuando el Señor estaba en casa de Simón el fariseo y se presentó la prostituta para enjugarle los pies con el frasco de perfume y secarlo con sus cabellos, el relato evangélico despide un ambiente y una atmósfera de delicadeza, arrepentimiento, suavidad y profundidad, que hace que el Señor se sienta emocionado por la actitud de esta pecadora, frente a la superficialidad, vulgaridad y maloliente trato que estaba recibiendo de su anfitrión.

jesus-magdalenaNo me imagino al Señor cogido de la cintura de la pecadora, con sonrisitas por aquí y por allí, mientras la pecadora le traía del brazo al chulillo que la contrataba o al nuevo adúltero con quien vivía. Nada de eso. El trato del Señor con los pecadores zarandeaba de tal manera el ambiente, lo perfumaba de tal modo con SU PRESENCIA, así con mayúsculas, que los pecadores se tenían que arrepentir inmediatamente o darse a la fuga porque no hubieran resistido la mirada de los ojos del Señor que les hubiera dicho: No peques más.

Ahora se les dice: “No soy quién para juzgarte. No importa que sigas así, porque lo importante es el amor y las bienaventuranzas”.

Actuar así como actuaba el Señor, es demasiado para los Pastores de nuestros días, que tienen que ejercitar la misericordia con la Prensa Internacional, con los Poderes Mundanos, con los Pecados Nefandos, con los Negadores de Dios… pero eso sí –está justificado–, porque lo que queremos es construir la PAZ. Que se lo digan al Cardenal Dolan, que cada día gana más puestos para ser elegido Sumo Pontífice un poco antes de la Segunda Venida. A ver si le da tiempo antes de eso a ganarse el amor y el respeto de los gays de su jurisdicción, no vaya a ser….

Por cierto, que una de las cosas que en este pasaje evangélico de San Lucas se puede observar y me ha resultado muy divertido destacarlo a mis encandilados novicios es que el Señor le echa en cara a Simón que no ha cumplido con las normas: lavar los pies, dar el beso… o sea, haber dejado de ser pelagiano y cumplidor de normas.

Vivir para ver.

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