Un mes de holganza en uno de esos pueblos ibéricos de hechura medieval, pocos habitantes y bien avenidos, ausencia de tecnologías antiguas y modernas… y por eso mismo abstraido de toda noticia, dan mucho de sí. Ha sido un mes de agosto entregado a la oración, el paseo y la tertulia, mientras en el mundo exterior agonizaba Tradición Digital y se organizaban partidos de fútbol frívolos, según acabo de comprobar a mi retorno al convento. De lo segundo, no quiero comentar nada por el momento; respecto a lo primero, siento la pena de comprobar una vez más, que mientras no falta un céntimo a quien propaga la mentira, se agostan las posibilidades de los que luchan por la verdad y la persiguen porque la aman. Dios sabrá.

Por el momento, y gracias a algunos de mis novicios modernistas (que me respetan y me escuchan) y entienden de estos menesteres, me alojaré en esta hospedería tecnológica. Mis años no me permiten otras triquiñuelas nostálgicas. Me bastará con exponer aquí las preocupaciones de mi corazón y quedarme como un framontano, ante el paso inevitable de los problemas y desmanes que sufre nuestro catolicismo actual.

La Virgen María, cuya Natividad celebramos hoy, asistirá con su desenvoltura y gracia femenina a nuestros irónicos comentarios. Como en tantas ocasiones históricas ya pretéritas, la ironía jocosa y humorística permitirá que mis pobres entendederas se organicen mejor para descubrir el engaño y la mentira. Como nuevos Lazarillos junto al Tormes de nuestros días, tendremos que aprender los recursos necesarios para sobrevivir, sin que nos puedan dar fácilmente gato por liebre.

Así que como decía mi abuela, en septiembre, el que no tenga ropa, que tiemble.

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