No crean ustedes que este título se refiere a alguna comedia de enredo, o que es una serie nueva de esas de cotilleo que tanto gustan en las cadenas televisivas. Tampoco es un consejo de algún libro de urbanidad sobre el manejo de twiter o de wasahpp ….

Es una consigna del Papa Francisco pronunciada con énfasis este último domingo durante el rezo del Regina Coeli, enmarcada en esa línea de Teología Profunda, Insondable y de Gran Calado con las que el Sumo Pontífice nos va pastoreando a los fieles de la Iglesia Católica. O a sus diocesanos de Roma, quizá. Siempre me recuerdan las alocuciones de Pío XII y no sé por qué será.

Efectivamente, los chismes no son buenos. Eso no hace falta que lo diga el Papa, porque es una verdad evidente de suyo. Los chismes son la expresión de una mala voluntad al contar algo (sea verdadero o falso), con la intención de perjudicar a un tercero o de enfrentar a varias personas entre sí. O de armar lío, que diría el filósofo. La ciencia que los expande al exterior es la Chismología, equivalente al cotilleo; y el que los provoca y transmite, se dice de él que es un chismorrero, azuzador o enredador.

Digo esto porque si se quiere acabar con los chismes, hay que acabar primero con los chismosos. El chisme como tal no existe si no hay una boca de chismoso que lo profiere y una mente que lo elabora. Por eso creo, desde mi frailuna y escasa inteligencia, que le ha faltado al Papa una pequeña consideración en torno a la persona del alcahuete-chafardero-embustero (que son algunos otros epítetos con los que se les define).

Se está haciendo ya frecuente -excesivamente frecuente-, eso de tirar la piedra y esconder la mano en la vida de la Iglesia. Algo así como hacer daño por algún lado a esta Gloriosa Institución de origen divino, realizando comentarios y dando lugar a aparentes disposiciones oficiales, como si no pasara nada. Después se airea todo, se inicia una disputa o confrontación, y se va manipulando el pensamiento de los cristianos de a pie sin ningún problema. Ahí tenemos a Kasper o el bendito Schönborn, que salen más en la prensa que la dichosa Suor Cristina, la de los bailes habituales (porque los hace siempre con hábito de monja, claro).

Los que hacen estas labores son chismosos vaticaneros, vestidos de capelo y nombrados, mantenidos, promovidos y azuzados por el que tanto se queja de los chismes y tanto aconseja que se eviten.

imagesA mí me parece que estar ya varios meses con el tema de los divorciados vueltos a casar y su posible admisión a la Eucaristía, relacionándolo con decisiones que tomará el próximo Sínodo de octubre, es un tema claro de chismorreo eclesial. Chismorreo interesado, chismorreo destructivo, chismorreo malvado. ¿Promovido por quién? Pues no lo sé, pero sí que estoy seguro de que si alguien no hubiera dado el pistoletazo de salida a los chismorreos cardenalicios sobre este tema, alabando la teología de rodillas (expresión extraordinariamente útil para el chismoreo pre-sinodal), nunca jamás habríamos llegado a la situación en que estamos: con los divorciados convencidos de que podrán comulgar (y supongo que muchos comulgando ya, ante la alegre perspectiva).

¿Por qué se ha alimentado el chismorreo múltiple sobre altos cargos vaticanos? ¿Por qué no se ha acabado de forma fulminante con los chismorreos sobre el ya famoso Monseñor Ricca, de cuyo ascensor no quiero acordarme (el que pueda entender que entienda) desestimándolo para el cargo?

¿Y qué me dicen de los chismes que se han dejado correr sobre los Franciscanos de la Inmaculada? ¿Los ha evitado el Comisario Político, o los ha azuzado? Y hoy mismo nos acabamos de enterar de que le han colocado otro Trotski bolchevique a las Franciscanas de la Inmaculada. Espero pronto unas declaraciones de Kasper diciendo que se solidariza con ellas, igual que se solidarizó con las monjas lesbis de Estados Unidos, a las que tanto ama. Hoy mismo, jueves día 22, estará Kasper rezando en Zaragoza y celebrando la Santa Misa. Que Dios lo bendiga y bendiga a los bobalicones que lo han contratado. Quizá sea una ocasión buena para preguntarle por su misericordia con la situación de las Franciscanas. Seguro que estará sufriendo. ¡Es tan cándido!

¿Y los chismes que corren sobre la política argentina, y la dirección clericalista que se le viene dando desde Roma o las directrices que salen diariamente en aquella dirección? Porque los chismes apuntan a que los gastos de teléfono Roma-Buenos Aires están subiendo bastante.

Desde hace poco más de un año, el chismorreo vaticano está en alza. Nunca hasta ahora había tenido tanta difusión las noticias referentes al Santo Padre en particular y al Gobierno de la Iglesia en general. Cada día hay en la prensa laica y mundana alguna nueva consideración sobre los problemas de la Iglesia, con un toque subversivo que antes no encontrábamos. Cada cierto tiempo tiene que salir al paso el Portavoz Lombardi para negar, matizar, encuadrar y aclarar noticias, que a su vez han partido de alguna otra autoridad jerárquica. Me regocija verle mentir sin mentir y decir la supuesta verdad sin expresar verdad alguna. Desde luego, lo hace muy bien.

Los chismes más graciosos son los que proceden del mundo de las llamadas telefónicas personales, que ya se sabe que se ha convertido en uno más de los locis theologicis en el gobierno de la Iglesia, que diría Melchor Cano. Que si el dentista ha dicho, que si el de los periódicos ha comentado, que si el amigo de la infancia ha sugerido, que si el que vende la verdura ha opinado, que si el rabino íntimo piensa… Todo un Tratado de Chismología se podría elaborar a partir de aquí, aunque sólo los más expertos lo pueden conocer y estudiar a fondo.

Y es que se está gobernando a base de chismes, efectivamente. Pero los chismes vienen de dentro, como una especie de globo-sonda. De ahí se expanden por la Iglesia Universal y se comentan y critican como posibles torpedos a la línea de flotación de la Iglesia. Luego hay una catarata de opiniones en diversos sentidos (provocada también desde dentro, para suscitar la idea de una Iglesia que se gobierna democráticamente), luego sigue la bola. Se desprende de ahí que todos deben opinar para que se pueda decidir, como si la Iglesia fuera la Asamblea General de la ONU, casi con los mismos niveles de corrupción. Y al final sale el jefe diciendo que no le gustan los chismes.

Esto me recuerda el refrán que decía mi abuela Ceferina: Consejos vendo, que para mí no tengo.

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