Esto de llamar peregrinación a cualquier viajecito turístico, es otra de las cosas que se han puesto en boga en los últimos lustros. Quizá desde que el Papa Magno empezó a poner de moda los viajazos a todas partes y a todas horas y con cualquier motivo, los cristianos percibieron con los ojos de la cara que era mucho más suave y facilito, más sedoso y aterciopelado, un catolicismo de acontecimientos, de eventos, de celebraciones y de saraos, que una vida de profundidad espiritual. Dios me guarde de decir que quien va a esas domingadas y cotillones es un superficial; pero desde luego me resulta difícil pensar que quien está en todos estos gaudeamus constantes, se caracterice por su hondura espiritual y por su seriedad en la vida cristiana. En todo caso, tendrá buena voluntad al hacerle caso al párroco del pueblo, al consejero de la cofradía o al catequista del grupo… para irse por ahí de bureo, pero desde luego -a base de turismo-, me parece que no se profundiza en la vida cristiana.

Hay grupos –los llaman ahora realidades eclesiales-, que se están especializando en esto,  y no se pierden una. Se puede decir de ellos lo que decía mi abuela para referirse a los que aparecen por todas partes: que son el perejil de todas las salsas. Si hace falta que en un evento con jóvenes haya asistencia numerosa (para armar lío), pues inmediatamente se movilizan treinta mil de este grupo catecumenal, quince mil de este otro liberacional, siete mil de grupos pacifistas católicos, trescientas monjas de hábito vaquero y doscientos obispos que se aburren en sus diócesis. Ya no sabemos vivir en la Iglesia sin festejar, celebrar o solemnizar cada cierto tiempo algo, en dimensiones elevadas de asistencia. La estadística se ha convertido en la gran aliada de estos eventos.

Viendo el otro día la ceremonia de entrega de la cruz de las Jornadas Mundiales de la Juventud, que pasa de manos brasileiras a manos polacas, viendo el montaje procesional, con los Obispos correspondientes, la música adecuada, los jóvenes vestidos para la ocasión, las manos alzadas llevando la cruz y la puesta en escena de algo que parece que es más sagrado que el Santísimo Sacramento, no se me quitaba la risa y la pena. Sí, las dos a la vez, porque si me muero de algo, prefiero morirme de risa. Es más saludable y abre mejor la puerta a la felicidad eterna.

Pero vuelvo a lo que decía al principio. A estos turistas se les llama ahora peregrinos, en alusión directa a aquellos que durante la Edad Media recorrían el Camino de Santiago para llegar a la tumba del Apóstol. O también a los que iban a Tierra Santa para ganar las indulgencias. Como si fuera lo mismo.

Mis novicios, ya se fueron a Roma hace una semana para asistir a las Canonizaciones del Siglo. Dijeron al Superior (que por cierto también se ha ido con ellos), que era conveniente estar de camino pronto para ir haciendo la peregrinación de forma adecuada. Saliendo de Castilla, iban a pasar por todos los conventos de la Orden, recogiendo a más peregrinos entusiastas –otros novicios y monjes modernistas-, y haciendo escalas diversas en las que se medita un pasaje de la vida del futuro santo. En la Costa Brava iban a recalar en Sitges, donde hay un viejo convento. Así, se peregrinará por los conventos cercanos a Cannes, Niza, Mónaco y otras playas para dar testimonio ante los bañistas de que están en camino hacia Roma. El tiempo acompaña. Menos mal que las canonizaciones no han sido en pleno invierno. Se han llevado el bañador en la mochila del peregrino, por si acaso surge dar testimonio en algún lugar concreto. Después pasarán a Italia en donde seguirán dando testimonio de los nuevos santos, repartiendo cientos de películas de la vida de Juan Pablo II que se han editado al efecto. La risa de Juan Pablo II, cómo se hace un santo (para mentalizarnos en que ha sido un proceso muy serio), y varios detalles de merchandises, como ellos dicen.

Mientras tanto, los viejos frailes estamos limpiando la casa y haciendo las tareas pastorales que ellos no pueden hacer. Pero no importa, porque sabemos que este viaje está siendo muy fructífero para ellos y para la Iglesia Universal. Cuando vuelvan del peregrinaje tendrán que tomarse un par de semanas más para relajarse de tanta oración y penitencia, pero eso también será beneficioso para ellos.

Uno de mis frailes más íntimos, que fue matemático en sus tiempos jóvenes, ha hecho un diagrama de la caída estrepitosa del número de sacerdotes, frailes y monjas durante todo el pontificado del papa polaco. Se lo ha enviado al Superior General a Roma, diciendo que en cualquier empresa que presentara estas curvas de producción con estas caídas, ponían al gerente de patitas en la calle. Pobrecillo: le ha llegado una recomendación de obediente silencio hasta el mes de agosto. Yo creo que con los jaleos que tienen en la Casa General, no han compredido lo que Fray Estadístico ha querido decir. Yo prefiero no ver estudios de números. Me basta con asomarme a nuestra iglesia o a nuestro noviciado medio vacío y ya tengo bastante…

Así que bendito sea Dios. Entre los peregrinos y los santos, sacarán adelante a nuestra Iglesia. Yo me estoy encomendando a San Pedro, que no sé si habrá previsto salir de Roma durante este fin de semana, porque ya está cansado de eventos.

Anuncios