Estas palabras se han venido repitiendo en el último año hasta la saciedad, desde que las pronunció solemnemente el papa Francisco. Todos vieron en ellas la definitiva llegada de la pobreza a la Iglesia. ¡¡ Gloria in excelsis Deo !! gritaban casi todos.

La primera medida para demostrar los nuevos aires fue el rechazo casi patológico a residir en los Palacios Apostólicos y la instalación en la Casa Santa Marta. Ya se sabe que todos los papas hasta la fecha han sido muy ambiciosos y ocupaban habitaciones grandes y lujosas, sin darse cuenta de que se puede ser Obispo de Roma desde un cuchitril. Total, para recibir a los Jefes de Estado y que le regalen a uno mermelada campestre de Buckingham, elaborada por las propias manos de la chacha Lady Strawberry, tampoco hace falta tanto. Y en eso tiene razón.

A esto se sumaron los añadidos palurdos –digamos toscos, para suavizar- y superficiales new style en zapatos, sotanas transparentes, muestras mediática de pobreza en coches, pagos de la factura del propio hotel, llevar la cartera encima y dejar sin trabajo al secretario, no usar ornamentos costosos, celebrar la Santa Misa con los famosos cálices de Lampedusa, y un largo etcétera que ya no recuerdo. Quizá buscando en el gogle ese que tanto le gusta a los jóvenes, podamos encontrar muchas fotografías que den testimonio de la pobreza que nos ha visitado en estas ultimidades vividas –y sufridas-, por los católicos que no estamos drogados.

Desde el primer día me percaté de que estas demostraciones de pobreza no son la pobreza. Y si se rebozan con el bombo de la prensa, con la complacencia de los que nunca se han caracterizado por el amor a la Institución, si se aceptan por el interesado como muestra universal de olor de santidad mezclado con sencillez autoproclamada, autodirigida y autoestimada, entonces llevan envuelto un tufillo de falsedad o al menos de actitud aparente, apócrifa, convencional y forzada. Ya me referí a los problemas de la exagerada y desequilibrada pobreza cuando empezó a representarse este drama.

Ahora estoy atónito, pues mis novicios –que son homos tecnológicos-, y que no saben hacer la O con un canuto -porque para hacerla utilizan las últimas tecnologías-, están exultantes. Me han contado que lo que se prepara para las canonizaciones de Juan XXIII y de Juan Pablo II es algo de órdago, que va a revolucionar las comunicaciones y que supondrá un evento de características inusuales. Todo con tecnología avanzada. Tanto, que ya se me pierden las manos entre las mangas de mi hábito, si quisiera hacer algún gesto ponderativo.

Según me han referido, está todo bien explicado aquí en inglés y aquí en español.

Observen las dimensiones de la canonización del siglo. Algunos dicen que será la primera vez que haya cuatro Papas juntos. Por lo visto no cuentan con los que hay enterrados en la Basílica de San Pedro, aunque por lo visto no fueron pobres ninguno de ellos. Pero bueno, puestos a redactar titulares de prensa, podríamos decir que es la primera vez que hay 45 papas juntos. Aunque algunos de los santos papas de entonces no tenían en su haber los procesos de canonización tan serios que han tenido éstos. Y por supuesto, no hay entre ellos ningún Papa Emérito (que ésto también da para titulares).

El caso es que según se nos cuenta, se trata de que haya una inmersión total, como si no estuvieramos ya suficientemente hundidos del todo. Lean, lean:

La ceremonia de la canonización se grabará con una tecnología sin precedentes en 3D por el Centro Televisivo Vaticano(CTV) en colaboración con Rupert Murdoch Sky Italia , BSkyB y Sky Deutschland payboxes, y Sony. El acto también se emitirá  en las salas de cine 3D en toda Europa y en Norte y Sur América, en lo que está siendo promocionado como la primera vez que concurren tecnologías multimedia HD, 3D y 4K de alto perfil.

En una conferencia de prensa en el Vaticano, el jefe de CTV Monignor Darío Vigano dijo que la transmisión en vivo necesitará  “más satélites que los Juegos Olímpicos de Sochi.”
Vigano subrayó que el Vaticano decidió ofrecer la ceremonia de canonización para el mundo en 3D con el fin de ofrecer a las personas que aun queriendo asistir no pueden hacerlo, por muchas razones, incluyendo las económicas,  la oportunidad de obtener una experiencia de “inmersión total”.

La producción utilizará 13 cámaras 3D colocadas en lugares privilegiados que le darán una perspectiva única y exclusiva de la plaza de San Pedro.

La alimentación de HD será llevada por 100 emisoras, incluyendo Italo pubcaster RAI, y será vista por una audiencia estimada de 200,000 televisiones mundiales.

 

Pero eso no es todo. Faltaba la “guinda del pastel” para que la inmersión sea más total y totalizante:

Las emisiones de televisión en 3D serán proyectadas en haces luminosos en el cielo de Italia, Reino Unido y Alemania.

O sea, que habrá que rezar el Paternoster diciendo: Juan Pablo II que estás en los cielos…

Pero no quiero distraerme de lo que quería comentar.

Parece a mis ojos de fraile senecto, que esto no es síntoma de una Iglesia pobre. Más bien parece un dispendio innecesario y exageradamente costoso. Y si no lo fuera, al menos es exageradamente pomposo y grandilocuente. Al lado de esto, los zapatos negros son una pequeña broma. Y el coche de pacotilla es una tomadura de pelo.

Claro que si este dinero se hubiera utilizado por el Culto Divino, ya habría voces discordantes. Pero si es para las canonizaciones espectaculares que se nos vienen encima, merece la pena. No nos vamos a parar en unos cuantos milloncejos de euros… y además al final, entre publicidad, derechos de retrasmisiones, turismo filo-canonizador, etc., los derechos van a reportar muchísimo dinero. Y ahora que el Banco Vaticano empieza de nuevo a funcionar (ni va a ser eliminado, ni han quitado a los sospechosos que trajinaron durante el pontificado de Benedicto XVI, ni han destituido al amigo Ricca), vendrán bien estos haberes.

Pronto dirán que los derechos de retransmisión serán destinados a los pobres. Faltaría más.

Y es que si se quiere una Iglesia Pobre, hay que precisar los conceptos, que ya se sabe que cambian con la historia,las culturas y los tiempos. Pobre para unas cosas. Rica para otras, (y que nadie piense mal, porque no me refiero al Monseñor del Banco).

El caso es que yo no pienso ver las canonizaciones por mucho que se quieran meter en el techo de mi celda en 3D o en 8T o en lo que sea.

Sé que tendré que dedicarme a confesar gente y a hacer las actividades espirituales propias de la Comunidad, porque todos los demás frailes estarán pegados al televisor, al móvil, al GPS o mirando al cielo.

Si alguien piensa morirse ese día y piensa solicitar los últimos sacramentos, que sepa que lo tiene claro. Yo recomiendo una confesión general antes de que empiece el espectáculo, por si acaso….

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