Esta pasada semana pudimos conocer gracias al vaticanista Sandro Magister, el contenido del informe realizado por el cardenal Walter Kasper sobre la Familia. Informe que el Papa aplaudió el mes pasado postrándose ante Su Eminencia   -metafóricamente hablando-, por hacer Teología de rodillas, término que también ha quedado ya para el futuro. Al menos para mí tiene ya un significado preciso a partir de ahora, como tuve ocasión de explicar detenidamente en esta columna.

El contenido detallado de tal informe genuflexo, ha sido analizado por muchos y recibido como el maná escondido, que viene a sacarnos de la anorexia en que estábamos sumergidos, por culpa de la doctrina inmutable y de los dogmas pelagianos, en que se encierran los cristianos tristes y apepinillados.

Una de las pocas voces que se ha alzado contra este informe malévolo, ha sido la del Profesor Roberto De Mattei, que le ha pegado un vapuleo y una somanta intelectual a Kasper de un modo elegante, valiente y sereno, haciendo ver la capacidad del cardenal para mentir y utilizar la historia y los escritos de los Santos Padres a su antojo, en provecho de sus rodillas. Algo que no es nuevo en él, desde que decidió dejar de creer en la Divinidad de Jesucristo y por tanto hacer coincidir los textos escriturísticos con sus devotas conclusiones teológicas, tan científicas ellas.

Por cierto que el artículo de De Mattei no ha sido reproducido en español más que en Tradición Digital, pero no lo he visto en esos blogs y periódicos que todos los días nos informan sólo de lo que les interesa y guardan una complacencia conservadora con los disparates -que a modo de misiles-, nos van enviando estos pillastres-teólogos, con el fin de que la prensa atea los vaya rumiando, pregonando y preparando el ambientillo, hasta su definitiva aceptación.

Pero me parece que hay una bomba añadida en este informe kasperiano de la que pocos han sido conscientes. Han sido precisamente mis novicios modernistas los que me han hecho caer en la cuenta de ella. Mientras me encontraba yo en mi celda contemplando la nieve que ha seguido cayendo estos días por aquí, se me presentaron gritando agresivamente que la clave de lo que dice Kasper en su informe, y que abrirá las puertas a nuevas decisiones en el futuro, está en su expresión cambio de paradigma, aparecida en las primeras líneas del documento y recogida así por todos los medios que la han publicado, comenzando por el antes citado Sandro Magister. Les ha gustado esta palabreja que suena a culturilla siniestra.

¡Claro!, me he dicho a mí mismo colocándome la cogulla. Con esta expresión se vulgariza y se publicita la clave de lo que está por venir. Se me ha venido a la mente de forma automática el significado de esta palabrota en los últimos tiempos, en los ambientes filosóficos izquierdosos. Paradigma en su acepción habitual significa y significó siempre ejemplo o modelo. Pero desde los años 60 (felices años sesenta para la destrucción de casi todo), y por obra y gracia de Thomas S. Kuhn adquirió un significado especial. Cosa que he intentado explicar a mis novicios (que no saben ni siquiera filosofía contemporánea), de forma sencilla:

Kuhn fue un filósofo norteamericano, que se especializó en filosofía de la física. Escribió su obra La estructura de las revoluciones científicas, muy leída por toda la progresía europea, en la que acuñó el vocablo paradigma con ese sentido: Un paradigma es una conquista científica precisa, universalmente aceptada, que durante un tiempo brinda un modelo de problemas y soluciones aceptables para los que trabajan en un campo de investigación. Lo cual lleva necesariamente a considerar, que cuando un paradigma ya no puede dar explicación adecuada a nuevos problemas planteados, hay que cambiar de paradigma. Y esto justamente es una nueva Revolución Científica. Y así avanza la Ciencia.

Ahora apliquemos esto a lo que las malvadas neuronas cardenalicias están intentando transmitirnos: Hasta ahora hemos funcionado con un paradigma de matrimonio que ha servido. Pero se han presentado nuevas condiciones, nuevos problemas, nuevos agentes del problema, nueva situación de sufrimiento y angustia… que nos exigen un cambio de paradigma hacia un matrimonio, entendido de una manera nueva para los problemas nuevos. No se pone en duda el paradigma anterior: es que sencillamente, ya no sirve.

Mis novicios estaban asustados, porque se creían que yo solamente había leído a Santo Tomás de Aquino, al que desprecian. Pero sus bocas se han abierto más todavía, cuando les he dicho que viene por ahí otro cambio de paradigma que acabará siendo estudiado por algún otro teólogo arrastrando sus rodillas: Ha cambiado el paradigma de Sodoma y Gomorra, porque en aquella ocasión no se podía explicar la existencia de sodomitas y por eso el castigo divino con fuego y azufre sobre aquellas ciudades, ha servido hasta ahora. Pero hoy día, con sodomitas hasta en la sopa: embajadores, ministros, actores, cantantes, deportistas… y no quiero seguir…, el nuevo paradigma se ha impuesto. Habremos de estudiarlo, para hacer la correspondiente revolución científica y no negarles la comunión, si los dos “conyuges” vienen de la mano y con mucho amor entre ellos y desean por todos los medios pertenecer a la comunidad que hasta ahora, desde los tiempos de Sodoma, les había excluido. No más azufre, y mucha comprensión y amor con su pecado, porque sufren mucho.

Así que yo también voy a cambiar de paradigma. Hasta ahora me ha servido el paradigma de ser respetuoso con las personas. Pero ya no me sirve, porque los novicios de ahora ya no son los de antes. Desde hoy mi nuevo paradigma va a ser vapulear a mis novicios modernistas y a sus maestros, sin miedo a flagelarlos, zurrarles y darles leña intelectual. Y si se precisa, también de la otra. Esta va a ser mi contribución a las revoluciones científicas.

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