No digo que no me lo creo. Tampoco digo que sea falso. Solamente apunto -con mi ya anciana mirada sospechosa-, que no me fío. Vamos, que me huelo que me la están pegando.

La aparición estos días de una agenda de Juan Pablo II, celosamente guardada por su secretario desde su muerte, justamente a dos meses de la canonización, parece más bien una casualidad muy bien programada, para canonizar la canonización. Quiero decir que parece como si se nos estuviera indicando lo que tenemos que pensar con vistas a la canonización solemne en el mes de Abril. A nadie le puede extrañar que se nos diga desde arriba lo que tenemos que pensar. Lo hacen los políticos desde siempre y lo hacen los eclesiásticos desde hace ya varios años. Claro que éstos últimos tienen menos experiencia en el engaño (apenas acaban de cumplir medio siglo de manejos, chanchullos e intrigas doctrinales), y se les ve la percha con más facilidad.

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He de reconocer que esto de las agendas y los libros póstumos resulta bastante divertido. Sobre todo, si se les sigue la pista con un poco de picardía, y se ve qué nos explican los descubridores a propósito de sus descubrimientos. Se puede rastrear el mensaje que se quiere transmitir y se llega con facilidad a la mentira o la trola que nos quieren meter. Pura ingeniería social, que -incluso desde el Vaticano-, ahora ya preocupado por otras cosas distintas a la salvación de los hombres (al fin y al cabo ya estamos todos salvados), nos venden como saldos en una Semana Fantástica de Rebajas que ya lleva cinco lustros.

Esta agenda del Beato Juan Pablo II, estuvo en manos del secretario muchos años, y no la destruyó de milagro, porque el propio Pontífice le dijo que la quemara.Vamos, más o menos como si fuera la Summa Theologiae del propio Santo Tomás de Aquino. Dicen que esta especie de diario íntimo fue importante para el proceso de canonización. Menos mal, porque si llegan a estudiar y analizar muchas de las cosas que dijo el Beato en otros lugares se habrían tirado de los pelos. Pero lo insólito y maravilloso, es que refleja justamente los mismos pensamientos que el Papa Francisco nos está exponiendo en estos últimos diez meses. ¡Qué coincidencia!

Así, hacemos ya de paso un triplete y no sólo canonizamos lo ya canonizado, sino que canonizamos las palabras del papa Bergoglio desde el canonizado papa Woytila. Con la consiguiente canonización del Concilio en el que aquél participó y que éste quiere llevar a la plenitud de su interpretación. Para que luego digan que los procesos de canonización de ahora no son complicados. Estoy seguro que si le seguimos la pista a esta agenda tenemos que vestirnos de Hercules Poirot o de Sherlock Holmes, porque la cosa puede ser para una novela policiaca. O un número de magia: nada por aquí, nada por allá…

Con esto, queda todo realmente canonizado. Los papas Juan XXIII y Pablo VI, el Concilio mismo, Juan Pablo II y si nos viéramos apurados canonizamos también a Juan Pablo I para que no haya resquicios. Y si acaso, se le echa la culpa a la derecha eclesiástica –que ya se sabe que desde siempre ha tenido mucho poder en Roma,- de la muerte de éste último. Por canonizar que no quede. Porque seguro que encuentran una agenda del papa Luciani en la que confiesa que tiene miedo de los conservadores de la Curia, que siempre le están queriendo invitar a merendar fresas con nata envenenada. Ya digo que las agendas aparecen en cualquier momento, aunque hayan pasado diez años de la desaparición del finado.

Mis novicios se han puesto de uñas cuando les he contado esta nueva sospecha mía. Reconozco que disfruto haciéndoles rabiar con santa fraternidad. Ellos se lo creen todo tal como se publica, y por eso se pegan cada coscorrón y cada cabezazo dignos de ser curados por un médico de guardia. No se dan cuenta de que los eventos eclesiales, son ahora de más calidad si llevan consigo canonizaciones sin cuento, pero con mucho cuento. El que pueda entender que entienda.

Menos mal que nos ha dicho un cardenal suizo que el Concilio de Trento sigue vigente. Qué alivio. Yo creía que se había quitado de la lista de los Concilios. Pronto lo quitarán, desde luego. Bueno, de hecho lo han quitado ya de las explicaciones teológicas de las Facultades de Teología y de la vida de la Iglesia. Y de las predicaciones pontificias, claro está. Y al pobre y desconocido cardenal le han hecho retractarse. Ya se sabe que la posible valentía de los cardenales dura siempre lo que un caramelo en la puerta de un colegio.

Todo se andará. Pronto canonizarán también a Karl Rahner y quitarán el título de santo a Roberto Belarmino. Aparecerá alguna agenda de Rahner diciendo que el papa Francisco sería maravilloso y otra agenda de San Roberto Belarmino insistiéndo en que la Iglesia es Jerárquica. ¡¡Puaj, que atraso!!

Lo que vamos a reirnos en los próximos meses, si es que nos quedan fuerzas para no tener que romper a llorar. Y lo que van a sufrir conmigo mis novicios.

 

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