El pasado domingo, dos palomas de la paz fueron atacadas vilmente en la Plaza de San Pedro por un cuervo que pasaba por allí y por una gaviota que estaba dando un borneo. Con este motivo, se han desatado las alarmas. Una vez más, las gaviotas y cuervos se zampan la simbología pacifista y la engullen como si fuera un aperitivo. Mientras algunos ven en ello otra señal más del cielo (tras los rayos vaticanos, los rayos en el Cristo de Río, terremotos y desastres naturales), otros -más serenos y confiados-, ven una pura casualidad sobre la que no merece la pena escribir una sola línea, ni gastar una gota de saliva.

paloma-cuervo

Los augures de la antigua Roma, interpretaban los signos de los tiempos de entonces, basándose en multitud de señales de las que deducían los sucesos inmediatos. Especialmente los graznidos y vuelos de los cuervos o un vistazo rápido a las vísceras de algunas aves, podían suscitar previsiones de futuro que hacían temblar o respirar hondo a emperadores y magistrados, según fueran buenos augures (para los cuales todo estaba bien y era esperanzador y primaveral), o malos augures (para quienes el mal agüero era lo habitual).

Hoy día, con la modernidad encima de nosotros, parece que esto de la simbología y las interpretaciones viscerales (o sea, examinando las vísceras), está más que trasnochado. Sin embargo, creo que tan importante es decir que no hay que echarlo al cesto de los papeles, como que no hay que obsesionarse excesivamente por ello. Aquí habría que decir una vez más con el Filósofo, que en el término medio está lo virtuoso. Pero lo cierto es que llevamos ya muchos signos como para despreciarlos. A pesar de que el Concilio Vaticano II insistió en ver los signos de los tiempos, no era este tipo de signos a los que se refería, sino más bien a una especie de olfato oportunista de tipo episcopal, que por cierto ha funcionado muy bien estos últimos lustros. Es curioso que, mientras muchos cristianos rechazan de plano toda interpretación o comentario sobre los signos que aparecen, los masones, satánicos y demás ralea viven de los símbolos, se comunican haciendo uso de ellos y los convierten en la realidad misma. El signo acaba creando la realidad, según las más modernistas teorías filosóficas.

Yo reconozco que no me gusta obsesionarme con tales datos, pero me encanta poner a cien por hora a mis novicios, que -como buenos modernistas-, se ponen excesivamente nerviosos si escuchan una interpretación de este tipo. Les digo que el cuervo se lanzó con precipitación y avidez sobre la paloma, como expresión de la actitud que el Diablo está llevando a cabo con la Iglesia en estos últimos tiempos. Y que el rayo de punta sobre la cúpula de San Pedro, es otra expresión de la situación delicada (por decirlo suavemente) de la Sede de Pedro. Si mis novicios pudieran fundirme con la mirada, lo harían. Igual que tantos y tantos católicos un poco pazguatos, se tragan el cuento de que todo va bien, no hay problema por ninguna parte y, si acaso hay alguno, es más bien el que los augueres (de mal agüero) son los culpables del rayo, de los cuervos y de lo que pueda ocurrir.

Los católicos internautas interesados en temas religiosos, conocen muy bien a la cigüeña de la torre, alojada en la espadaña de Intereconomía. Buen blog. Se puede decir que es el blog de información religiosa más antiguo, que en su día fue pionero y adelantado en comentar todo tipo de noticias, denunciando situaciones diocesanas y vaticanas,  que en muchas ocasiones han motivado una sustancial marcha atrás cuando se perpetra algún disparate eclesial (que los hay a mansalva). Basta con que la cigüeña saque su pico y ataque, para que muchos se echen atrás y rectifiquen el disparate de turno. Hace poco, descubrió y denunció valientemente unas penosas declaraciones de un Vicario de la diócesis de Mallorca, que inmediatamente fueron desmentidas por el interesado, diciendo que él es un niño bueno. Pues claro, nosotros nos lo creemos. También hace escasas fechas, denunció los tejemanejes de la episco-cope contratando a locutores blasfemos, lo que también dio lugar a ciertas dimisiones. Está bien.

cigüeña

Sin embargo, en lo que respecta al Papa Francisco, el pico de la cigüeña se vuelve de goma o de plástico. Tiene que hacer malabarismos para defenderlo con la excusa de buen católico, sin darse cuenta de que se le ve la pluma. O sea, el plumero. Porque cuando quiere explicar lo inexplicable, se hace un lío monumental. Veanlo en este artículo de hace unos días, en el que habla de instrumentalización de las palabras del Papa.

Y es que está visto que las palabras del Papa Francisco siguen suscitando todo tipo de elucubraciones e interpretaciones, que sitúan a los oyentes y lectores en varios grupos que van desde el entusiasmo desmedido, al enfado supino. Estas cosas pasan cuando se habla con toda claridad, pero también cuando se habla con toda ambigüedad.

Por poner un ejemplo cercano, eso pasa cuando hablan las abortistas de salón, dando el do de pecho (nunca mejor dicho), para obligarnos a aceptar el aborto: suscitan simpatía en los que son como ellas y rechazo en el resto, porque hablan demasiado claro. Y cuando hablan los rajoys, gallardones y demás patulea, dando mil vueltas para decir que sí pero no, o más bien no, pero sí, también suscitan rechazo o simpatías. Rechazo de los que están hasta las narices de estos traidores embusteros; simpatías de los que todavía quieren ver en este partido algo conveniente para los votos católicos. Y es que éstos ambiguos no hablan con claridad sino con lengua de serpiente, aunque ya no nos la pegan desde hace mucho tiempo.

En definitiva lo que ocurre es que la ambigüedad, expresa la claridad que hay en el  fondo. Nunca hubo en otro tiempo papas que hablaran con ambigüedad y dejaran declaraciones y discursos al albur de lo que cada cual quiera interpretar. Y es que a fin de cuentas, se ve demasiado claro lo que se quiere decir con tales ambigüedades. Está todo muy bien estudiado.

Me parece que hay que tener serenidad de espíritu para ver lo que hay. No tendría que haber necesidad de interpretar al Santo Padre. El pobre Padre Lombardi está a punto de ser ingresado por esquizofrenia hermenéutica grave. Y  la cigüeña, si no se anima  a decir de verdad lo que piensa en el fondo de su corazón, va a tener que hacerse una lobotomía de su pico porque va a terminar convirtiéndose en un loro, repitiendo lo que le hacen pensar, ver y creer. Yo, que soy un admirador suyo, preferiría que con respeto pero con sinceridad dijera que hay muchas cosas que no le gustan  y muy poquitas que le gustan. Decir que le puso cara de pepinillos en vinagre a Hollande cuando lo recibió, como si eso fuera el no va más, es insuficiente. Basta ver el video de la entrevista para comprobar que acabaron con sonrisitas y bromitas. Y es que el Santo Padre sabe perfectamente cómo manejar las cámaras, para que las cigüeñas bondadosas interpreten todo como buenos augures. Como los que se entusiasman porque un día celebró la Misa ad orientem o porque una vez habló del aborto. Hay que ser sencillos como palomas, pero muy desconfiado con los cuervos.

Yo desde luego, si fuera paloma, me alejaría lo más posible de la Plaza de San Pedro. Por si acaso aparece algún cuervo.

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