Ya sé que no es muy diplomático lo que voy a decir ahora, pero creo que hay que decirlo. Me suenan a excesivamente humanas (humanitarias, humanoides) estas campañas tan bien dirigidas para acabar con el hambre en el mundo. No es que me parezca mal que a los pobres se les ayude y se les permita acceder a lo que estos llaman una “vida digna”. Es que me planteo con inquietud si esto es exactamente lo que Dios quiere que tenga la Iglesia como principal misión. Aunque ahora no se diga, la Iglesia siempre ha sido pionera en eso de ayudar a los pobres. Lo sabe cualquiera, porque está en los libros de historia (sin manipular, claro). La Iglesia ha sido –durante muchos siglos– creadora de hospitales, dispensarios, clínicas, hospederías, escuelas… Se han fundado muchas Ordenes Religiosas con este fin exclusivo de atender a los pobres en todos los sentidos. La Iglesia siempre estuvo preocupada por este tema. Nadie va a darle ahora lecciones como si acabaran de descubrir el Mediterráneo. Ya dijo el Señor: Pobres siempre los tendréis con vosotros… y es verdad. Es una utopía acabar con el hambre en el mundo, pero es una realidad la preocupación constante por luchar contra ella y por ayudar a quienes lo necesitan.

Pero ahora, a pesar de tantas declaraciones papales en los últimos meses, de que la Iglesia no es una ONG, parece que se revista más que nunca de este ropaje, necesario para ser admirada y reconocida por el mundo. Y claro está cuando esto sucede, se hace el ridículo más espantoso porque la Iglesia falta a su misión principal y primordial, cual es la evangelización. Una de las señales de la llegada del Señor y de su misión y constitución como Mesías, se la da Jesús a los discipulos de Juan: Decidle a Juan… que los pobres son evangelizados. Así es. Los pobres son evangelizados. La Iglesia se preocupó de evangelizar, aunque también se preocupó de la salud y la vida digna de los pobres, aunque todavía esto no conllevaba las similitudes con el lenguage de la ONU, que lo mismo lanza una campaña  contra el hambre, que se carga a millones de niños mediante el aborto por vía directa o implantando sistemas de esterilización masiva por vía indirecta. Ambas gravemente pecaminosas y que claman al cielo. Esto le pega a la ONU, pero no le pega a la Iglesia. Esto le pega al sistema destructor internaciones de las almas, pero no le pega a quien ha sido constituida por Cristo para que todos los hombres se salven.

Ahora, Cáritas Internacional,  en un gesto tan llamativo como políticamente correcto, organiza una campaña de oración –cadenas de oración se les llama ahora–, para pedir a Dios que acabe el hambre en el mundo. Ya parece que la oración sólo puede tener efecto si es por internet, cogiditos de la mano, con velas encendidas y con cancioncitas focolares de guitarreo adolescente, y encima encadenados. Ah, y la cadena tiene que ser por todo el mundo, empezando (dicen) por la isla de Samoa. Muchos tendrán que mirar en el mapa a ver dónde paran los pobres de Samoa. Pero es que eso viste mucho, aunque Samoa esté pendiente de una evangelización intensa (solamente son católicos el 19,6 %) y tenga también legalizado el aborto. Pero bueno, eso son cosas del pasado que hoy día desunen a Humanidad.

Han contado los de Cáritas con un video especial del Papa,  apoyando la jugada, que diga la movida. Una llamada a que termine el hambre. El Papa alude a la multiplicación de los panes y de los peces, por la cual Cristo dio de comer a los necesitados. Claro que él no utiliza la palabra multiplicación, porque ya nos dijo hace meses que no era multiplicación,  sino que sencillamente no se acabaron.

Respecto a los panes y los peces quisiera agregar un matiz: no se multiplicaron, no, no es verdad. Simplemente los panes no se acabaron. Como no se acabó la harina y el aceite de la viuda. No se acabaron. Cuando uno dice multiplicar puede confundirse y creer que hace magia, no. No, no, simplemente es tal la grandeza de Dios y del amor que puso en nuestros corazones, que si queremos, lo que tenemos no se acaba. Mucha confianza en esto.

Roguemos al Señor, –dice el Papa en su mensaje–, para que nos conceda la gracia de ver un mundo en el que nadie deba morir de hambre.

Yo creo que no es suficiente. Me parece, con todos los respetos, que el Santo Padre, Vicario de Cristo (por mucho que él mismo y los medios afines ya se hayan acostumbrado a primerearlo como Obispo de Roma), debe rogar para que el Señor nos conceda la gracia de eliminar el pecado del mundo, pues para eso vino el Cordero de Dios.

¿Se han preguntado ustedes, por qué tanta preocupación por salvar al mundo de la pobreza, mientras no existe ninguna por salvar al mundo del pecado? ¿Cómo es posible que se organice tal campaña para dar vida digna a los que no tiene comida, mientras se organizan campañas absolutamente pecaminosas para quitar la vida de la gracia y hacer a las almas enemigas de Dios y poseídas por el Diablo? ¿Por qué no se hace una campaña de oración contra el terrible pecado de la homosexualidad? ¿Por qué no una cadena humana de repudio al orden internacional que promueve la drogadicción y su correspondiente comercio? ¿Por qué no una campaña de desprecio a los que apoyan el aborto, considerándolos pecadores públicos (incluídos, por supuesto, primeros ministros y Jefes de Estado) y por tanto necesitados de arrepentimiento y penitencia? ¿Por qué no una campaña en contra del divorcio, verdadero veneno destructor de la familia? ¿Por qué no un activismo militante de desagravio a Jesucristo por las constantes blasfemias y sacrilegios a los que se ve sometido su Cuerpo sacramentado?

¿Se imaginan lo que pasaría si la Santa Sede rompe sus relaciones diplomáticas con la ONU y la acusa de ser un Organismo corruptor de la humanidad por incitación al pecado?

¡Ah! Es que esto que acabo de decir, suena a estabilidad, a cristianismo de salón, a excesivo pelagianismo, a cristianos acomodados, a desprecio por las periferias, a tristeza en el anuncio del Evangelio. Es mejor adoptar un lema con sabor más bien masónico y aceptable, como el que ha hecho suyo Caritas Internacional: Una Familia humana. Comida para todos. Suena mucho mejor y desde luego, no habrá problema. La Iglesia por fin, esta preocupada por los pobres y los hambrientos. No como en aquella Iglesia antigua que solamente se miraba el ombligo.

Ahora sí que estamos bien. Bendito sea Dios.

 

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