Las visitas llamadas “ad limina” son los encuentros que hacen los Obispos de cada país con el Santo Padre cada 5 años, en los que se supone que hay una revisión de la situación del catolicismo en las Diócesis, así como otras muchas reuniones y presentación de informes en los diversos Dicasterios de la Santa Sede.

Esta semana le ha tocado el turno a la Conferencia Episcopal de los Países Bajos. Una Iglesia que está enferma de muerte desde hace ya más de 40 años, como sabe todo el que tenga edad y memoria para recordar el destrozo y la ruina que sufrió tras el Concilio Vaticano II. Si algún mérito tiene el catolicismo holandés, uno de ellos desde luego ha sido el constituirse en pionero de la caída en picado del catolicismo en los países del norte de Europa, a los que siguieron inmediatamente el resto de naciones, antes llamadas oficialmente católicas.

 

Ya soy demasiado viejo para recordarlo todo, pero desde luego viene a mi memoria la profunda crisis que se suscitó en aquellos años en que salió a la luz el Catecismo Holandés (1966), plagado de errores y ambigüedades (por decirlo de una forma suave), redactado bajo la batuta del nefasto teólogo Eduard Schillebeeckx pero con el visto bueno del cardenal Alfrink, obispo fundamental en el Concilio y en todo el proceso de derribo y destrucción del catolicismo holandés. Cómo sería el dichoso Catecismo, que tuvo que intervenir la Santa Sede con una Declaración dos años después (sin muchas prisas, como ven), para advertir que eran necesarias ciertas correcciones. Claro que, como ha ocurrido desde aquella época, mientras llegaban las correcciones -que nunca llegaron-, el Catecismo Holandés se vendía en las librerías como rosquillas, a un clero entusiasmado que veía con exultante y progresista gozo, la llegada de la primavera eclesial. Cientos de miles de ventas, también traducido al español, ante la pasividad y el silencio de los Obispos. Nada de condenas, todo admoniciones suavecitas, la “exigencia” de que se le añadiera un Suplemento y no sé cuantas cosas más, menos la condena explícita. Pero es que estábamos ya en el tiempo en que la Iglesia debía usar el bálsamo de la misericordia más que el de la condena, Juan XXIII dixit.

Mientras tanto, esta doctrinas heréticas se iban infiltrando en la práctica común de parroquias, sacerdotes y fieles. Hasta el punto de que en muy pocos años, el catolicismo holandés era más un cadáver que un enfermo. Y ese cadáver expandía su corrupción al resto de naciones antes católicas, como si fuera un éxito y un progreso. Y si no lo creen, vean ustedes el informe demoledor que se presentaba hace dos años en este poco sospechoso medio de información religiosa, que decía entre otras cosas que actualmente hay 4.200 iglesias en Holanda, de las que unas 1.400 serán clausuradas antes de 2020 y 900 iglesias fueron abandonadas desde 1970 (…) Alrededor de 1960, el 70% de los católicos holandeses asistía a la misa del domingo. Actualmente sólo lo hace el 7%.

Como se puede apreciar claramente, esto es una hecatombe y un cataclismo de tamaño descomunal. Si este “progreso” hubiera sucedido en una empresa privada, seguro que no le habrían erigido ninguna estatua al Cardenal Alfrink y toda su cabalgata de compinches. Porque es un verdadero fracaso, una destrucción sistemática de lo que fue un catolicismo floreciente. Dios sabrá si fue conscientemente buscada.

Por esta razón, me sorprenden todavía más y no dejan de admirarme y asombrarme, las palabras que el Papa ha dirigido a los Señores Obispos holandeses en su reciente visita. Palabras que no aluden para nada a una recuperación del catolicismo perdido, sino a…

…escuchar a las personas que sufren el vacío espiritual y están buscando el sentido de la vida, escuchándoles,  para compartir con ellos la esperanza, la alegría, la capacidad de seguir hacia adelante que Jesús nos ofrece.

Eso sí, dejando claro que…

…la Iglesia no sólo propone verdades inmutables y actitudes contra corriente en el mundo, sino que los ofrece como clave para un buen desarrollo humano y social.

Y por supuesto, recalcando una vez más …

…que hay que hacer visible la misericordia de Dios y su ternura por cada criatura (…) y que la Iglesia se expande no con el proselitismo, sino con la atracción.

Estoy empezando a pensar que Su Santidad tiene un problema de fijación contra las fórmulas fijas. Hay que ver qué manía con lo de las verdades inmutables. No sé qué diría un sicoanalista, pero esto ya empieza a sonar a disco rallado. No hay discurso en el que no salga esta referencia. Cuando en realidad, lo que debería sonar es lo de siempre: que el Catolicismo solamente se recuperará cuando se establezcan de nuevo las verdades inmutables y nos dejemos de pamplinas. Nadie se atreverá a decir que el catolicismo holandés se desplomó, precisamente desde el momento en que teólogos amparados por Pastores comenzaron a poner en duda TODAS las verdades inmutables, todos los dogmas. Y crearon una nueva religión, que poco a poco fue a menos hasta convertir a Holanda en un país de suicidas, hasta el punto de que en 2102 solicitaron el suicidio asistido “solamente” 4.200 personas.

Pero claro, debemos atajar estos problemas (de los que no se habla con claridad en las visitas ad limina), con la atracción. No con el proselitismo. Con la misericordia, no con verdades estables e inmutables.

Menos mal que también se les insta a los Obispos a preocuparse de los jóvenes, diciéndoles que hay que valorizar…

…la escuela católica, dando a los jóvenes una sólida educación que siga favoreciendo su formación humana y espiritual en un espíritu de diálogo y fraternidad con aquellos que no comparten su fe.

¡¡Toma castañas!!

O sea, nada de nada. No veo por ninguna parte (y Dios sabe que me gustaría verlo), una admonición a recuperar la fe, la liturgia, las virtudes cristianas. Todo es lo mismo de siempre. Pero claro está, al final hay un mensaje de oración y comprensión para las víctimas de abusos sexuales. ¡Pues no faltaba más!

 

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