Una vez más acierta el Santo Padre, al hablar en su homilía de este viernes sobre la importancia del Templo material –templo de piedra–, como lugar apropiado y específicamente apto para adorar a Dios. A ese Templo, dice el Papa, “se va por muchas razones, una de las cuales supera a todas las demás: en el Templo se adora a Dios”.

Tengo que decir que me he sentido muy feliz y satisfecho. Porque precisamente en estos últimos tiempos, estamos asistiendo a la utilización de nuestros Templos justamente para lo contrario: o bien se están empleando para jolgorios y actividades que no tienen nada que ver con la adoración a Dios, o bien se está haciendo uso de ellos para perpretar actos de oración a dioses extraños (o sea, falsos), compartiendo con falsas religiones el lugar sagrado en el que adoramos a nuestro Dios.

Hay además un añadido importante que el Papa no ha podido comentar, dada la brevedad de su homilía, pero que todos sabemos que es fundamental: en nuestros Templos católicos, adoramos a Nuestro Señor Jesucristo, que no está representado en estatuas o pinturas o murales, sino realmente presente en el Sacramento de la Eucaristía, realmente presente en el Sagrario. Razón por la cual –sea en el jolgorio, sea en la idolatría–, resulta todavía más patente la llamada de atención de Francisco.

No puede haber una verdadera adoración en un Templo en el que se reúnen judíos, protestantes, ortodoxos, dalailamas y tantos otros…porque no adoramos al mismo Dios, se diga lo que se diga. Me parece horriblemente idolátrico, que haya un acto conjunto con los judíos o musulmanes en una iglesia en la que un poco más allá de los líderes de turno o de las obispas de cuota, está el Sagrario con las especies sacramentales de Nuestro Señor.  En quien no creen ninguno de ellos (no sé si tampoco creerá el representante católico, pero bueno…).  Como tampoco puede haber una tenida rockera en el presbiterio de una iglesia, a dos metros del Sagrario. Estoy seguro de que cualquiera de estos montajes no le hacen ninguna gracia al Papa.

Y es que pasa otra cosa, hasta donde mis entendederas frailunas me dejan pensar. Precisamente la adoración es algo que también se hace con los gestos y con las expresiones corporales. Una adoración con una pierna encima de la otra, o con los jóvenes tumbados en el suelo, o con danzas hindúes alrededor de la custodia, o con globitos gaseosos que suben al cielo, o con sacerdotes vestidos de payasetes, o con ministros/as extraordinarios/as dando la comunión en chandal de carrefour, yo creo que no es adoración. O al menos me concederán ustedes que es una adoración muy vulgarota. El Señor le habló a la samaritana de la adoración en espíritu y en verdad. Ahí se ponen en juego todas las facultades del hombre que se encuentra con su Dios.

El Nuevo Testamento expresa este gesto precisamente con los vocablos arrodillarse o postrarse. Evidentemente no se puede adorar a alguien dándole un palo campechano en la espalda, o guiñándole un ojo o moviendo la manitas hacia arriba, como si se estuviera en una sesión de gospel-protestante-negro de esas que aparecen siempre en las películas. Moisés, cuando va a acercarse a la zarza ardiente, se quita las sandalias. Cuando en el Evangelio alguien quiere adorar al Señor, se postra de rodillas, como hace el leproso, o el ciego de nacimiento, o tantos otros. Doblar la rodilla es signo de adoración. Y el silencio, la devoción, el respeto, la elegancia, la educación y la urbanidad…también expresan ese respeto debido por Aquél a quien adoramos. Hacia el final del sermón que estoy comentando, descubro que dice Francisco que:

también esto es importante para las ceremonias litúrgicas: en esta ceremonia litúrgica, ¿qué es más importante?¿Los cantos, los ritos –bellos, todo…? La adoración es más importante: toda la comunidad reunida mira el altar donde se celebra el sacrificio y se adora.

No sé si se han dado cuenta de la palabra que se desliza suavemente y que yo he resaltado en negrita. ¿Son importantes los ritos? No. Lo importante es la adoración, dice el Papaa como quien no quiere la cosa.

Pues es verdad. Dios conoce los corazones y sabe quién le adora de verdad y sinceramente y quién no. Pero resulta que los ritos  pueden ayudar o entorpecer la adoración. Y hay ritos que acercan más a Dios y otros que sumergen en la vulgaridad. Vean si no, estas dos expresiones de adoración ante la recepción de la Eucaristía: ¿están ustedes seguros de que es lo mismo una que otra?

 

comunion_tridentina2-150x150comunion-en-rio-150x132

Yo pienso que no es lo mismo. Como no es lo mismo asistir a la misa rockera del Padre Jony que a una misa tradicional. Como no es lo mismo adorar al Señor con música gregoriana que con cantos heavy-metal, o con cancioncillas romanticonas empalagosas, que bien pudieran servir para celebrar una reunión de enamorados. Como no es lo mismo adorar a Dios en una iglesia de las de siempre, que adorarle en un cobertizo con pósters del Che Guevara. Como no es lo mismo adorar a Dios con la presencia de un sacerdote que se siente ministro de Jesucristo y que viste como tal, que con un hombre zafio y grosero que se dice representante de la comunidad y que no se distingue de ella, aderezado con cazadoras negras de camionero o con chancletas pordioseras. No es lo mismo, digo yo.

El rito, las ceremonias, los cantos… no son la adoración en sí. No hacía falta este mensaje subliminar. Pero el rito,las ceremonias, los cantos… ayudan a que no se pierda y no se desvirtúe. El Papa dice que nosotros cristianos, hemos perdido un poco el sentido de la adoración, y desde luego tiene mucha razón.

Pues nada: A recuperarlo, porque si lo hemos perdido, eso quiere decir que antes sí lo teníamos. ¿Y cuándo se perdió? ¿Habrá alguien capaz de preguntarse por qué se perdió? ¿Hay agallas eclesiales para preguntarlo? ¿Hay honradez y sinceridad para contestarlo? Me temo que no.

Anuncios