Cuando el Papa Francisco concedió la famosa entrevista a La Civiltà Cattolica, tuve la oportunidad de comentar en esta misma columna que eso de dejar caer tantas opiniones y criterios personales, en un tono desenfadado y aparentemente inocuo, pasaría factura a corto y medio plazo. Al fin y al cabo, las opinones de un Papa no son las de un conductor de autobús de Zamora o las de un agricultor de Tomelloso. Ya sabemos que no son infalibles, pero rezuman un ligero saborcillo a mensaje  a los cómplices de que las cosas podrían ir por ahí, o estarían bien por ese otro camino.

Esto es lo que está ocurriendo con Francisco. Una de las perlas que nos dejó en la entrevista aludida es la siguiente frase:

El confesonario no es una sala de tortura, sino aquel lugar de misericordia en el que el Señor nos empuja a hacer lo que podamos. Estoy pensando en la situación de una mujer que tiene a sus espaldas el fracaso de un matrimonio en el que se dio también un aborto. Después de aquello, esta mujer se ha vuelto a casar y ahora vive en paz con cinco hijos. El aborto le pesa enormemente y está sinceramente arrepentida. Le encantaría retomar la vida cristiana. ¿Qué hace el confesor?

Claro, a la vista de estas expresiones que pretenden misericordiear, como le gusta decir al mismo Papa, todo el mundo entendió que se estaba re-planteando el tema y que según la opinión de Francisco, si hay verdadero arrepentimiento y sinceridad de vida, algo hay que hacer. No olvidemos que otra frase parecida en referencia a los homosexuales que tienen buena voluntad, fue ya objeto de polémicas cuando las profirió en el avión de regreso de Río. Y es que a los medios (generalmente anti-católicos), que quieren que la Iglesia deje de ser madrastra y se abra a la comprensión y bendición de todos los pecadores pasando por alto el hecho (la minucia) de que siguen encastillados en su pecado, les faltó tiempo para poner grandes titulares: El Papa Francisco someterá a estudio la comunión a los divorciados vueltos a casar. Bueno, de hecho, por esos días, la Conferencia Episcopal Alemana ya dio instrucciones al respecto, saltándose a la torera las disposiciones vigentes hasta el momento.

Todo esto hizo inmediatamente que la política de hechos consumados se impusiera, como ocurre siempre. Por la vía de los hechos, se accede a eliminar la doctrina más seria y más sagrada, sin negar oficialmente la doctrina más seria y más sagrada. Pura forma de actuar modernista, y pura praxis gramsciana de las que tanto hemos aprendido en los últimos cien años. Pienso en la cantidad de sacerdotes que después de esto habrán animado y urgido a divorciados vueltos a casar a que reciban la Eucaristía. O la cantidad de divorciados vueltos a casar que estaban retenidos por la doctrina y que ahora se habrán lanzado a la Eucaristía tras leer los titulares de prensa. O la cantidad de divorciados vueltos a casar que pensarán que, si esto que se dice se está pensando y está en estudio, entonces es porque no es tan importante.

Así que Eucaristía para todos, porque lo importante es la misericordia. Hay que reconocer que el ejemplo de la madre con cinco hijos, habiendo abortado, arrepentida… es un clásico para suscitar inmediatamente en la gente la necesidad de tener compasión y pasarse por el forro el pecado mismo. Ni Víctor Hugo, ni Charles Dickens lo hubieran expresado mejor y de manera más sangrante.

Pero claro, como la doctrina es la que es, como sería muy llamativo permitir que comulguen los divorciados vueltos a casar, como oficialmente la Iglesia no podría decir otra cosa y sería un escándalo para tantos sacerdotes fieles que han explicado esto a las personas implicadas, pues entonces sale el poli-malo (Müller) y dice que no. Que de eso nada, monada. Que esta práctica no es coherente con la voluntad de Dios, tal como se expresa claramente en las palabras de Jesús sobre la indisolubilidad del matrimonio, y que la Iglesia siempre ha declarado el valor antropológico  (¡¡¡¡¡) del matrimonio indisoluble.

Algunos que antes se preocuparon por las palabras del Papa, ahora han quedado tranquilos diciendo: Müller escribe, el Papa dicta. Y mientras tanto, los listos de El País, dicen: El Guardián de la Fe enmienda al Papa por su guiño a los divorciados. Les encanta presentar la historia del Jefe del Santo Oficio intentando frenar las revolucionarias intenciones del Pontífice.

Me muero de risa con las noticias de uno y otro lado. Yo, la verdad, preferiría que el Papa hablara claro sin necesidad de que a él se le entienda una cosa y su Prefecto escriba otra. O que el Papa fuera el primero en aceptar la doctrina, sin necesidad de que su Prefecto se la tenga que recordar para enmendar su opinión. O de que en vez de dictar a la prensa una cosa y otra distinta a Müller, diga lo que tiene que decir con contundencia y claridad.

Pero no se desanimen, queridos lectores, si es que han llegado hasta aquí. De nuevo hay gato encerrado en las palabras del Guardián de la Fe. Miren si no, estas frases deslizadas en pleno centro del Documento y que yo recalco con letra negrita:

La mentalidad actual contradice la comprensión cristiana del matrimonio especialmente en lo relativo a la indisolubilidad y la apertura a la vida. Puesto que muchos cristianos están influidos por este contexto cultural, en nuestros días, los matrimonios están más expuestos a la invalidez que en el pasado. En efecto, falta la voluntad de casarse según el sentido de la doctrina matrimonial católica y se ha reducido la pertenencia a un contexto vital de fe. Por esto, la comprobación de la validez del matrimonio es importante y puede conducir a una solución de estos problemas.

O sea, que ya estamos como en el caso del divorcio. Como oficialmente no se puede decir que el matrimonio es indisoluble, llenaron nuestras Curias Diocesanas de Tribunales preparados para conceder nulidades a mansalva. La Rota pasó a mejor vida, y las llamadas urgentes a agilizar los procesos de nulidad forzaron la creación de varios tribunales extras, para conceder el divorcio-católio-express (llámese como se quiera, ésa es la verdad). Me consta de algunas Diócesis en las que se les aconseja a los peticionarios qué es lo que debe decir y alegar, para que sea más rápida la nulidad. Y de este modo, si se observan las estadísticas de nulidades matrimoniales concedidas y despachadas cada año, podremos ver que son altamente numerosas y altamente preocupantes.

Así que ya lo saben. Como no pueden confesar ni comulgar y eso no tiene vuelta de hoja, pues a ver si realmente ese matrimonio fue nulo o no. A investigar. Ya hemos visto que según el Prefecto, los matrimonios están expuestos a la invalidez mucho más que en el pasado.

Pero yo me pregunto:

¿Y para eso se inventaron tras el Concilio los Cursillos Prematrimoniales, verdadera tortura para los pobres novios de buena voluntad? ¿Después de tantas horas y horas interminables de charlas nocturnas, los católicos hacen matrimonios nulos? ¡Ah, claro!  Es que en una de las charlas de los Cursillos, se suele explicar cómo hay que proceder en caso de que se tenga que pedir la nulidad. Bastará aludir a la incapacidad psicológica, a la inmadurez o a un intento de violencia doméstica por aquí y por allá, y está hecho.

Así que yo ya estoy tranquilito. Gracias al Arzobispo Müller, sabemos que el problema está resuelto.

 

 

 

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