Me han parecido muy bien las medidas adoptadas por Roma para traer al buen camino de la sensatez al Obispo de Limburgo, que se ha hecho más famoso en estos últimos días, que cualquier jugador de fútbol alemán. La gente de la calle lo pone como ejemplo de que las cosas van a cambiar. La verdad es que un Obispo no puede llevar a cabo estos tremendos gastos palaciegos sin caer en una monumental irresponsabilidad, impropia de su cargo.

Los novicios de mi convento están entusiasmados por este gesto de autoridad del papa Francisco, que en un tiempo record y acuciado por las informaciones de la prensa alemana y por la propia Conferencia Episcopal ha dado carpetazo al asunto. Al menos por ahora, el Obispo derrochón ha sido apartado de su cargo y llevado a un paradero desconocido (dicen), como si se tratara de un asesino en serie o le hubiera atacado un arrechucho tipo Parolín, consistente en desaparecer del mapa sin que nadie sepa ni cómo, ni por qué, ni dónde, ni hasta cuándo: cosas de los nuevos aires vaticanos de transparencia que se vienen prometiendo. La rapidez fulminante en apartarlo de su Diócesis en tanto no concluyan las investigaciones, se explica diciendo que no puede ejercitar su ministerio actual, dada la situación que se ha creado en su Diócesis.

Pero claro, las cosas no me parecen tan sencillas, cuando está cayendo la que está cayendo. Quiero decir que mi olfato de fraile malintencionado, me dice que sería deseable que se usara esta misma rapidez –galopante y vertiginosa–,  en los casos en que los Obispos escandalizan a sus fieles con actuaciones, doctrinas, ideas y opiniones que les hacen también indignos para seguir rigiendo sus Diócesis. A no ser que estemos en un nivel tan bajo y tan populista, que solamente nos escandalicen los actos episcopales económicos, laborales o sociales y nos importe un pito (o sea, nos tenga sin cuidado) cuando los derroches no son de euros, sino de herejías.

Efectivamente, 35 millones de euros representan mucho dispendio para un edificio episcopal: hay que investigarlo, perseguirlo y castigarlo. Pero me da la sensación de que no es menos importante, que varias desobediencias recalcitrantes y obstinadas, opiniones gravísimas vertidas por un Obispo o Cardenal sobre cuestiones doctrinales que no son opinables, guiños a la progresía tan amada por el episcopado acomplejado de turno, globos sonda con la mayor desenvoltura del mundo sobre cuestiones que ya están definidas por el Magisterio, y un larguísimo etcétera, no se castigan y ni siquiera se tienen en cuenta. ¡Bah!, al fin y al cabo, tampoco es tan importante.

Me pregunto y preguntaría sinceramente a mis superiores para que me contestaran (si merezco esto, a pesar de mi periferismo existencial y existencializante):

1. ¿Es digno de seguir en su Diócesis el Obispo Zollitsch, Presidente de la Conferencia Episcopal alemana, tras su dictamen sobre la distribución de la Comunión a los divorciados vueltos a casar?

[Este obispo es el acusica que ha ido a Roma a decir al Papa que el de Limburgo gasta mucho…]

2. ¿ Es digno de seguir en su Diócesis el Arzobispo de Aparecida, tras la entronización de la diosa Deki en el Santuario Mariano en el que el Papa se emocionaba hace pocos meses al ver la imagen de la virgencita?

3. ¿Es digno de seguir gobernando su Diócesis el Cardenal Bagnasco, Presidente de la Conferencia Episcopal Italiana, tras dar la comunión a travestis y demás compañeros/as/es mártires en el funeral de un sacerdote destacadamente comunista?

4. ¿Es digno seguir apelando al Cardenal Martini que puso en jaque muchas de las doctrinas de la Iglesia en su libro póstumo (menos mal que era el último), como una de las grandes lumbreras de nuestro tiempo, maestro de jesuítas y obispos que le han sucedido?

5. ¿Son dignos tantos Obispos que prestan sus Catedrales e iglesias para eventos claramente anti-católicos, como el de Milán, que ha dejado el templo catedralicio estos días para un homenaje al escritor brasileño Paulo Coelho, destacado agnóstico, ocultista y de más-que-dudoso-catolicismo?

6. ¿Son dignos tantos Obispos que permiten que en sus diócesis se profane la Eucaristía con su pleno conocimiento, como el Arzobispo de Madrid que mantiene la parroquia de San Carlos Borromeo? ¿La mantendrá también su digno sucesor?

Y todavía más:

¿Son dignos los Obispos que no se preocupan para nada de que sus sacerdotes estén en el confesonario en las parroquias, nada menos que para confesar? Porque parece que tampoco nadie les llama la atención, a pesar de que el Papa habla sobre la necesidad de confesarse bien, alto y claro y cara a cara, (supongo que para evitar así las rejillas –más encajes, esta vez de madera–, para confesar a mujeres).

Podríamos seguir y no acabaríamos.

Entonces, ¿por qué este rasgarse la vestiduras ante este Obispo derrochón y manirroto mientras nos engullimos los disparates heréticos, profanos y actitudes anti-católicas de tantos otros?

Esto me recuerda aquello que decía el Señor a los fariseos: Colais un mosquito y os tragais un camello. Claro que ahora, lo importante es que el escándalo lo dicte la prensa. Entonces, hay que actuar y movilizar todo el aparato mediático. Para que quede claro que hay mano dura en el Vaticano. Mano dura con esos delitos menores, digamos menos peligrosos, de acuerdo.

Pero mano de guante, mano exquisita e indulgente, con los que no apacientan el rebaño, sino que son lobos rapaces. Lobos rapaces destructores de la doctrina de siempre o lobos rapaces de dinero. Al fin y al cabo, si el Obispo manirroto de turno ha gastado de más, tendrá que dar cuenta de ello él personalmente. Pero si ha llevado al camino de la perdición a muchas de sus ovejas, dándoles pastos podridos y corrompidos, doctrina falsa y diabólica bajo la apariencia de estar acorde con el mundo y como si fueran pastos de la mejor calidad, entonces las cosas cambian mucho.

Lo mismo pasa en la justicia humana. Mientras los asesinos etarras salen a la calle por sentido humanitario, como a alguno se le ocurra no pagar impuestos o robar una joyería, lo tiene claro. Y es que la justicia verdadera será la Justicia Divina. Hasta que Ella se implante con la segunda venida del Señor, tendremos justicia de balcón, de cara a la galería, populista y embustera. Justicia falsa de primeras páginas de periódicos. Justicia hipócrita. De unos y de otros.

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