Todos los días tengo que seguir ampliando los dos diccionarios que de momento estoy elaborando sobre el Pontificado de Francisco. Por un lado el Diccionario de Dudas sobre dichos, dimes, diretes y otras lindezas Franciscanas, que trata de explicar al pueblo sencillo que lo que parecen herejías no son tales y lo que parecen disparates, son algo normal en quien fue Arzobispo de Buenos Aires antes de ser elegido para regir la Iglesia.

Por otra parte, está ya en preparación el Diccionario de Neologismos Franciscano, que explica a su vez todos y cada uno de los términos acuñados por el Santo Padre en el “sobre-la-marcha” habitual de sermones y entrevistas. Como cada día hay algo nuevo, no es posible hacer una edición estable, sino que serán diccionarios on-line, ya que se pueden consultar cada vez que uno accede a cualquier sermón o comunicado. Es tal el trasiego de términos, que resulta imposible hacer una edición de papel.

Hoy tengo que añadir una expresión más a la colección: ecumenismo martirial. Parece ser que en esta ocasión el término ha sido acuñado en un ambiente cordialísimo junto a los hermanos luteranos conscientemente separados y conscientemente requete-reconfirmados en sus posturas contrarias a la Doctrina Católica. Todo ello en un clima de consabidas meaculpas (por el lado católico solamente, faltaría más) y con una serie de presbíteros y presbíteras (no sé si habría algún presbíter@) encantador, que hacía las delicias de los presentes, especialmente del cardenal Koch, que no sé exactamente en qué lado de la doctrina se sitúa a sí mismo, a la vista de su entusiasmo y su alegría por los resultados de esta innecesaria audiencia. Lástima que no estuviera por allí el bueno de Kasper que ha dedicado su vida a intentar convencer a los católicos de que en realidad somos protestantes.

Pero bueno, son pasitos hacia el 2017, pasitos para meter en el Credo Constantinopolitano las 95 tesis de Lutero y aprovechar la efemérides para levantar la excomunión de este santo varón que tanto bien habría hecho a la Iglesia si los Papas de entonces –¡Ay Señor, qué Papas!—, no hubieran sido tan pelagianos y tan recalcitrantes.

Lo más emotivo del acto ha sido el testimonio  de un jerifalte luterano que ha sabido captar bien los gustos del Santo Padre al regalarle una tetera cutre modelo lampedusa y que ha arrancado al final, esta frase enigmática de Francisco:

“Atacan los que no nos quieren sin hacer distinción si son luteranos, católicos, ortodoxos, coptos. La sangre no está dividida”.  (Este regalo), evoca otra dimensión del ecumenismo, el ecumenismo del martirio”.

Claro que yo me he quedado atónito al leer estas palabras. Porque…¿quiénes son los que no nos quieren? …pues en el contexto habría que responder que son los musulmanes. Pero no creo que el Papa, que tanto les ha felicitado desde el día de su elección, que le pidió a Dios frutos espirituales para el Ramadán, que considera a los mahometanos seguidores del Dios Verdadero… esté ahora criticándolos cuando está con los luteranos. Estas muertes a las que el Papa alude se dan efectivamente a manos de musulmanes. Que se lo digan a los coptos, a los nigerianos, a los sudaneses y a los sirios y tantos otros. O sea, que sigo sin entender.

Por otra parte, en el Angelus del pasado domingo, el Papa ha hecho una alusión a la Jornada del Domund y ha recordado a una religiosa muerta en Nigeria. Pero como siempre digo a mis inteligentes lectores, leamos entre líneas (el subrayado es mío):

En esta Jornada estemos cerca de todos los misioneros y las misioneras, que trabajan tanto sin hacer ruido y que dan su vida. Como la italiana Afra Martinelli, que ha trabajado durante muchos años en Nigeria: hace unos días ha sido asesinada, por robo. Todos han llorado, cristianos y musulmanes ¡era muy querida! Ella ha anunciado el Evangelio con su vida, con la obra que ha realizado, un centro de educación. Y de este modo ha difundido la llama de la fe, ¡ha combatido la buena batalla! ¡Pensemos en esta hermana nuestra y saludémosla con un aplauso todos juntos!

O sea, que la única ocasión en que hacemos referencia al asesinato de una religiosa en Nigeria, es a un asesinato ¡¡por robo!!

Y esta muerte ha sido llorada por cristianos y musulmanes, según el Papa.

Probablemente éste sea el ecumenismo martirial: que solamente consideremos mártires a los que han sido asesinados por ladrones o cualquier otro periférico existencial (con un concepto del bien y del mal muy personal). Pero si son asesinados por musulmanes, entonces la cosa cambia. Porque la llama de la fe la difundimos todos. Incluso los ateos también están llamados a difundir la llama de su fe, siempre y cuando lo hagan de corazón.

En fin, que tengo la cabeza que me echa chispas. Mi cerebro está convirtiéndose en un cerebro hermeneútico, pues mis neuronas ya no deben captar la realidad, sino lo-que-se-quiere-decir de la realidad, independientemente de las palabras mismas.

Por tanto, he decidido no utilizar ya nunca más el concepto ecumenismo del martirio, por ser excesivamente confuso. A partir de ahora llamaré a esto el ecumenismo de la tetera.

tetera modelo lampedusa

 

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