No sé qué pasa, pero en este mundo en que vivimos, parece que las cosas no son lo que son, sino lo que cada cual quiere que sean y según como quiera interpretarlas. Ya dije hace unos días que parece que la prensa laica (un modo muy moderno de llamar a la prensa atea y anticatólica), anda interpretando bastante bien las palabras de Francisco en la ya famosamente enredadora entrevista, mientras que la prensa católicona se ha dedicado a demostrar, que lo que interpretó la prensa atea no es lo que quiso decir Francisco. Es una pena, porque si hubiera hablado con total claridad, no tendríamos estos epílogos a la tan cacareada entrevista.

La Iglesia, que siempre ha sido sabia, hasta que los sabios actuales han decidido convertirla en tontorrona y ambigua, utilizó en todo momento en sus exposiciones doctrinales, condenas, aclaraciones y declaraciones un lenguaje claro, conciso, sin dejar lugar a la menor duda, sin dar posibilidad a las torcidas y/o interesadas lecturas. Incluso los herejes, se expresaban con claridad. Y de esta forma, claridad de unos por claridad de otros, las condenas quedaban bien claras y los herejes o se rectractaban o permanecían claramente en su error.

Precisamente por eso, la Iglesia condenaba las proposiciones de Lutero, de Bayo, de Quesnel, del Modernismo y de tantos otros, utilizando el lenguaje y las expresiones que ellos mismos habían utilizado. Veamos un ejemplo en una de las condenas de Lutero:

Purgatorium non potest probari ex sacra Scriptura, quae sit in canone. (No se puede probar el purgatorio por ningún texto de la Sagrada Escritura que sea canónico). [DS, 1487]

Como podemos comprobar, no hay término intermedio. ESTO es lo que se condena, porque ESTO mismo es lo que ha dicho Lutero en sus escritos.

Lo mismo ocurrió siempre con las proposiciones emanadas de los Concilios. De un lado se determina lo que se quiere decir, la doctrina que establece el Concilio. Pero para que no haya dudas, por otra parte (en los cánones correspondientes) se declara anatema, a quien no acepte la susodicha proposición. Veamos otro ejemplo, esta vez del Concilio de Trento:

Si quis dixerit, baptismum liberi esse, hoc est non necessarium ad salutem, anatema sit. (Si alguno dijere que el Bautismo es libre, es decir, que no es necesario para la salvación, sea anatema). [DS, 1618]

Todavía más. Ya en el siglo XX, las preguntas que se remitían a la Pontificia Comisión Bíblica (a quien León XIII confirió carácter magisterial), se contestaban también en el mismo sentido en que se había hecho la pregunta. De esta forma la respuesta era SÍ  (positive) o NO (Negative). No había tampoco lugar a dudas. Ilustremoslo con otro ejemplo:

Si hay sólidos argumentos, aun tomado cumulativamente, para demostrar victoriosamente que el libro de Isaías no se ha de atribuir a un solo autor, sino a dos y hasta más de dos autores. Respuesta: Negativamente.[DS, 3509]

Luego, más adelante, vinieron las frases ambiguas, las expresiones de doble sentido, las interpretaciones torcidas, el deseo de no condenar, la necesidad de comprender el punto de vista del hereje de turno… y un etcétera tan largo tan largo, que llega hasta nuestros días.

Recuerdo los días de mi noviciado, cuando mi Maestro de Novicios afirmaba con una seguridad sorprendente, que cuando la Iglesia abandonara de facto a Santo Tomás de Aquino, el desastre se cebaría sobre ella. Y así parece ser. Mientras se sigue diciendo que hay que seguir el magisterio del Aquinate, se niega de hecho su importancia y entonces es cuando las palabras no dicen lo que quieren decir, sino lo que cada cual quiera interpretar. El abandono de la filosofía del ser, tiene que pagar necesariamente un alto precio. Aunque no se reconozca del todo, así es en verdad.

En este sentido hay algo en la entrevista (entre otras muchas cosas) que me perturba. Cuando el Papa dice: La nuestra no es una fe laboratorio, sino una fe-camino, una fe histórica. Dios se ha revelado como historia, no como un conjunto de verdades abstractas. ¿Qué quiere decir con esto? ¿No hay verdades abstractas en el catolicismo? ¿Qué entiende por verdades abstractas? ¿Es verdad abstracta el dogma cristológico de Calcedonia, que tantos ahora se empeñan en negar bajo el paraguas de las  “cristologías no calcedonianas”? ¿es histórico el concepto de persona de Calcedonia referido a Jesucristo? ¿es verdad abstracta la transubstanciación? ¿Es verdad abstracta la virginidad de María?

Así que, aunque no soy jesuíta, voy a proponerle al Santo Padre que me conteste a una nueva entrevista que le voy a preparar. Pero solamente a base de respuestas sí/no. Sin matices. Sin hermenéuticas. Como los catecismos antiguos. Seguro que eso tranquilizará a todos los católicos fieles que andan excesivamente preocupados por las expresiones papales. Aunque como no soy jesuita, probablemente no pueda haber ese feeling entre entrevistador y entrevistado del que hemos podido disfrutar con La Civilttá Católica.

Seguro que resultará sumamente interesante y fácil de leer. Y por supuesto, los medios “laicos” no podrán interpretarla a su antojo. Y los católicos fieles no quedarán sumergidos en la duda.

 

 

 

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