Es un decir. En realidad nunca se fue. Estos teólogos vedettes, que no saben vivir sin cámaras de televisión, sin dar conferencias por todo el ancho mundo, sin conceder entrevistas… nunca se van. Están  tremendamente empeñados en hacer tambalear la fe del mayor número posible de católicos, una vez que ellos la han perdido. Por eso siguen erre que erre insistiendo en que el catolicismo es lo que ellos dicen y no lo que dice esa apolillada institución llamada Iglesia Católica.

Gracias a su progresismo, siempre estuvieron en el candelero. A pesar de abandonar el sacerdocio, de renegar de los dogmas, de pasarse la vida incordiando y haciendo realidad aquellas palabras del Señor: Ni entran ni dejan entrar, estos teólogos de salón, amantes de los pobres, siempre han estado presentes en todas las librerías católicas. Nunca dejaron de publicar ni de vender, especialmente si se manifestaban víctimas de la Sagrada Congregación de la Fe (en estos casos siempre la llamaban Santo Oficio). Tampoco llegaba la sangre al río, pues si los Obispos le daban un pequeñín tironcito de orejas, ellos aprovechaban para sentirse discriminados, hablar de la falta de libertad en la Iglesia… y de paso publicar la edición número 15 del mismo libro herético.  Y si alguno no se lo cree, que mire en las librerias religiosas (cuanto más dependientes de los Obispos, peor), y verá los libros de estos mártires por la fe en las estanterías mas vistosas. Que se lo pregunten al teólogo Pagola o al propio Boff.

Ahora, con los nuevos aires vaticanos, con un Prefecto dispuesto a abrirle la puerta a esa divina teología de la liberación, con declaraciones por aquí y por allá suficientemente ambiguas para ver que no era tan mala como el malvado Ratzinger decía, con ciertas audiencias privadas a Gustavo Gutiérrez (como si nada, como quien no quiere la cosa, para que vean que todos dialogamos, para que piensen que pronto vamos a rehabilitar esa Teología Liberadora)… Leonardo Boff, envuelto en su barba blanca y con su aire profético, nos dice que parece que las cosas van mejor por el Vaticano. Y de paso aprovecha para decirnos que Jesucristo no era sacerdote. Eso para ir abriendo boca, puesto que de todos modos, nadie le va a decir lo más mínimo. Puestos a disparatar, pues ¿quién mejor que Boff, que tiene todos los cariños de la casta progresista, ahora re-instalada? Insisto en lo que antes dije: Para un teólogo progresista que niegue todo lo habido y por haber, no hay ningún problema. Más conferencias, más viajes y más bombo mediático.

Yo recuerdo cuando Pío XII advirtió con suma claridad en la Humani Generis que la Nouvelle Theologie era peligrosa para la aceptación del Dogma y que por tanto era sumamente desaconsejable. Justamente en el Concilio Vaticano II, unos pocos años después, los teólogos condenados por Pío XII fueron rehabilitados con todos los honores, se les nombró peritos conciliares e incluso con el paso de los años, recibieron algunos la púrpura cardenalicia. Sí, la púrpura que simboliza la sangre. La sangría que organizaron en la Teología y en la fe de la Iglesia, desde luego fue descomunal.

Así que ahora no me extraña que estemos de nuevo en un proceso de re-conversión. Siempre se dijo que para hacer Teología era necesaria la Fe. Ahora parece que ya no. Viene Boff y nos dice que Dios es Madre y que no hay que insistir en la idea de paternidad, implantada por el anti-feminismo secular. Y no pasa nada. Nos dice que Jesucristo era laico, y no pasa nada.

Menos mal que se comunica telefónicamente con Francisco, a través de una amiga común que es argentina. Seguro que eso arregla las cosas.

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