Mi recordado maestro de novicios Fray Suspicaz, del que tanto aprendí en mi etapa de formación, me enseñó entre otras cosas que ante las decisiones, decretos, nombramientos y posteriores explicaciones de los gobiernos de este mundo, la postura más segura es la de “pensar mal para acertar”, según reza el conocido y sabio proverbio. Y esto vale para todos los gobiernos, incluidos los de los Estados más pequeños; también en aquél Estado en el cual los nombramientos deberían regirse por el bien de las almas y por su salvación (perdón por la expresión tan anticuada).

Y eso que en aquellos días de mi juventud, Fray Suspicaz no podía sospechar lo que iba a suceder en estos tiempos nuestros tan atribulados. Por otra parte, nuestro Señor mismo nos advertía que lo mejor era que juzgáramos por los frutos y no por las palabras, o que fuéramos astutos como las serpientes (para que no nos la peguen) y sencillos como las palomas (para no convertirnos también nosotros en lobos rapaces y poder ser aceptados por la Manada). Claro que el Señor sí sabía lo que nos esperaba en este primaveral siglo XXI y por eso mismo su consejo está repleto de divina revelación y de sabia inteligencia.

Así pues, aplicando este sabio principio, veo con perplejidad el nuevo nombramiento de Mons. Guido Pozzo como secretario de Ecclesia Dei. Perplejidad lógica y natural, ya que es inusual que alguien que ha sido retirado de un cargo (y más en la Santa Sede), vuelva al mismo a los nueve meses, dejando el anterior al que fue promovido. Seguramente esto ha sido provocado por alguna situación embarazosa. Como estoy metido en mi convento y mi paseo por el mundo de los noticieros está muy restringido, no sé exactamente cuál será la razón de tal re-nombramiento. Habrá que esperar a que el Portavoz habitual dé alguna explicación, para aplicar el principio de Fray Suspicaz, porque con toda seguridad, ésa no será la razón verdadera.

He podido observar que sobre este evento hay opiniones para todos los gustos. Dicen unos, que este nombramiento ha sido hecho para reafirmar la intransigencia ante las conversaciones con la Fraternidad San Pío X. No lo creo, porque para intransigencias ya tenemos bastantes con las del Eminentísimo Guardián de la Fe, que para eso fue nombrado. Desde luego, no da la impresión de que el Arzobispo Müller, martillo de herejes (tradicionales, claro) necesite un ayudante para ejercer su oficio. Se basta solo.

Otros intentan explicarlo desde la postura contraria, pensando con ingenuidad que el nombramiento en cuestión se debe a un intento de reforzar la Tradición, para lo cual inventan teorías que intentan suponer -con muy poca picardía-, que en los momentos actuales hay alguna Autoridad que todavía quiere salvar a los que se atreven a celebrar la Santa Misa de siempre. Cosa que tampoco creo posible, dados los nuevos aires que pululan por los pasillos vaticanos. Y si no que les pregunten a los dos Responsables de la Congregación de Religiosos, muy preocupados por el actual desmadre litúrgico (tradicional, claro).

Pobrecillos, los que están cobijados en Ecclesia Dei. Temo por ellos. La verdad es que tras los éxitos fulgurantes de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, es difícil atreverse a auto-identificarse como amante de la Misa de siempre. Puede caer una llamada de atención directamente firmada/alentada/promovida/suscrita/sugerida por el Jefe.

El filósofo judío Maimónides, escribió en el siglo XII un libro titulado Guía de Perplejos, intentando dar claves para la interpretación de algunos dilemas que se presentaban al pensamiento judío, ante la filosofía aristotélica. Creo que hace falta hoy día que alguien escriba también una especie de guía de esta índole, que quizá pudiera llamarse -para evitar el plagio-, Guía de Desorientados porque ya van siendo muchos los asuntos sobre los que el cristiano de buena fe se siente confuso, dudoso y desconcertado, a la vista de la claridad ambigua o de la ambigua claridad con la que van expresándose las Autoridades.

Así que no desesperen, mis queridos lectores. De momento, vamos a esperar las posibles “aclaraciones” del Portavoz. Seguro que nos dará alguna pista por la vía negativa: Lo que diga que es, no es.

De todos modos, el tiempo va dando asimismo las auténticas claves. Una vez más, y solicitando la comprensión por la autocita, habremos de recurrir a la hermenéutica de la contradicción: Todo se explica por lo contradictorio. Al fin y al cabo, Hegel (otro alemán) entró ya hace tiempo en los Documento Oficiales.

Estaré atento desde mi celda. Pero mucho me temo que tampoco será bueno este nombramiento. Ojalá me equivoque.

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