Menos mal que San Juan Evangelista nos contó las quejas de Judas Iscariote, acerca del perfume costosísimo que se había comprado para Jesús. El bueno de San Juan no pudo evitar decir lo que pensaba de Judas: “que no le importaban los pobres”. Recuerdo que un maestro mío de Alcalá le llamaba por eso “Judas El Carota”. Y es que a veces hay que precisar mucho en eso de la obsesión por la pobreza y por los pobres.

Un condiscípulo mío –Fray Cotilla de Santa Marta–, comenzó hace unos años a obsesionarse por ser pobre. Estaba, como la santa, “inquieto y nervioso por tantas cosas”. No había modo de conformarlo, porque todo le parecía ostentación y riqueza. Los Superiores le regalaron una escoba y le nombraron barrendero del Convento, pero la escoba le parecía excesivamente lujosa; fue comprándose escobas cada vez más sencillotas (gastando bastante dinero), y al final tuvo que dejar de barrer porque la escoba más pobre que había encontrado, no barría bien. Nada le satisfacía en sus ansias de pobreza.

Hace poco, ante los nuevos cambios eclesiales, abandonó el convento y anda merodeando por Roma. Parece ser que había encontrado pobre trabajo de barrendero pobre (según él mismo gusta decir) en los apartamentos papales, pero no puede trabajar porque allí no hay nadie. De vez en cuando me informa de los dimes y diretes que se comentan por los pasillos. Me comentaba hace días su decepción al ver que por aquellos lares no se vive la pobreza como debe ser, aunque los consejeros publicitarios del ministerio petrino andan como locos buscando noticias de primera plana. Envió al Santo Padre un pliego de sugerencias para poder vivir mejor la pobreza, pero resulta que se lo ha encontrado en la papelera. Por eso me lo ha enviado para que yo lo lea, a ver si me solidarizo con él.

Dice el bueno de Fray Cotilla de Santa Marta que ha visto en Roma con toda claridad que cada vez se puede ser más pobre y que por tanto se podría recolectar más dinero para resolver la pobreza, pero a la hora de la verdad nadie mueve un dedo. Resume así algunas de sus propuestas, explicadas claramente en la despreciada carta. Confieso que su lectura me ha dejado atónito. Nos las transcribo todas porque, como ya he dicho, en eso de la pobreza nada le satisface completamente.

Dice así:

1. No entiendo cómo se puede elegir un Ford Focus como coche oficial. Muchos pobres darían la vida por tener ese vehículo, que para ellos es un verdadero coche de lujo. ¿No sería mejor un vehículo de dos ruedas con sidecar? ¿O una mula?:

2.- No entiendo cómo se puede llevar chófer en el Ford Focus. ¿No sería mejor que lo condujera el mismo interesado? ¿No es un signo de riqueza llevar chófer personal? ¿Cuántos coches de otras mejores marcas van en el séquito detrás del Focus? ¿Se van a comprar muchos más Focus para los monseñores de dicho séquito?

3.- No entiendo cómo se puede enviar a Río de Janeiro el papamóvil en un avión especial, porque supongo que eso cuesta mucho dinero. ¿No se podría haber hecho el recorrido en carreta brasileña y nos ahorramos los enormes gastos de un avión, solamente para el papamóvil?

4.- No entiendo por qué no se hace el viaje a la JMJ en avión comercial y en clase turista, para evitar el gastazo que supone ir en avión propio, proporcionado por las fuerzas armadas italianas. ¿No es eso un lujo? Se puede buscar en internet “vuelos baratos a Río de Janeiro”.

5.- No entiendo cómo se ha podido gastar tanto dinero en el escenario tan feo construido para la misa papal. Además de darle al diseñador un certificado de Arte Horrible y el consejo de que se dedique en lo sucesivo a plantar lechugas, ¿cuánto se le ha pagado?

6.- No entiendo por qué no se suprime la JMJ y se recoge todo el dinero de viajes, organización, montaje, seguridad, policía, mantenimiento, servicios… para los pobres de esas favelas que hay por allí, según nos cuentan.

7.- Los jóvenes entusiastas que han organizado su viaje a Río, ¿no habrían dado gustosamente el dinero a estos pobres?

8.- No entiendo por qué se publica la fotografía del dormitorio en el que va a residir el Santo Padre. A cualquier habitante de las susodichas favelas le parecerá un lujo tener una cama con teléfono al lado y con tanto espacio para una sola persona, mientras ellos tiene que hacinarse –en mucho menos espacio–, varias personas y animales domésticos.

9.- No entiendo el gastazo en guardaespaldas alrededor del santo Padre. ¿No sería mejor prescindir de ellos y dar ese dinero a los pobres? ¿Quién va a querer atentar contra el Santo Padre?

…./……

Confieso que al llegar a este punto se ha terminado mi paciencia y he dejado de leer. Mi amigo Fray Cotilla no tiene ni idea de lo que es la pobreza cristiana. El pobre confunde todo y piensa que se puede ser pobre a base de “gestos”, aunque esos gestos acaben con toda una Institución en la que han reinado santos, que no tuvieron en vilo a los periodistas y que vivieron su pobreza al más puro estilo evangélico, pero sin tener que llegar a vulgarizar el Trono.

Por eso he contestado a vuelta de correo a mi antiguo amigo y le he mandado un ejemplar de mi ya famoso libro que lo explica todo: La Hermenéutica de la contradicción. Si lo lee con atención, podrá explicarse mejor los gestos y los antigestos, la pobreza que en realidad es riqueza y la riqueza que en realidad es pobreza. Todo cabe y todo se explica. Todo cuela y todo se entiende. ¡¡Pobre Fray Cotilla!!

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