La doctrina católica de siempre, tan afectada ella por los últimos vientos primaverales, sigue presente en la fe sencilla de muchos fieles, mientras va desapareciendo de los excursus teológicos, de las predicaciones parroquiales y de los discursos episcopales. Ha quedado la pobre tan machacada y exhausta, que el Espíritu Santo tiene que permitir que haya honrosas y heroicas excepciones que la mantengan contra viento y marea: al fin y al cabo es la fe de siempre, la de veinte siglos.

Mientras tanto, se va sembrando la duda y se va instalando la ambigüedad; con el manido pretexto de que son doctrina y formulaciones pasadas de moda, que se expresan de otro modo en el contexto de esta nueva época dorada -de la nueva evangelización-, que tiene que salir a los suburbios no con demasiados argumentos doctrinales especulativos, sino con la fuerza de la caridad que tiende puentes en donde sea menester.

De este modo, al tiempo que los Pastores abandonan la reafirmación doctrinal de los Misterios de nuestra Fe, excluyendo las formulaciones erróneas y aclarando los equívocos, se toman medidas momentáneas que pueden paliar débilmente la destrucción o desaparición de cada uno de los dogmas fundamentales, en las mentes de muchos fieles.

Hoy tendríamos que fijarnos en una de esas medidas; uno de esos parches eclesiales que dejan tranquilos a los pastores, pero que gustan tanto a los fieles que no llegan a calar en el problema que nos aqueja. Esos fieles que se conforman fácilmente, con tal que haya con frecuencia alguna celebración, bullicio, festejo o solemnidad.

A propuesta del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización, y por estar en el Año de la Fe, este domingo –día del Corpus–, habrá en Roma una hora de adoración al Santísimo, simultáneamente seguida por toda la cristiandad, para expresar la unidad de la Iglesia, según reza la convocatoria anunciada por Mons. Fisichella: Su lema es «Un solo señor, una sola fe», elegido para atestiguar el sentido de profunda unidad que lo caracterizará. «Será un evento que tendrá lugar por primera vez en la historia de la Iglesia y que podemos calificar como histórico. Las catedrales del mundo se sincronizarán con la hora de Roma y estarán, durante una hora, en comunión con el Papa en la adoración eucarística. La adhesión a esta iniciativa ha sido masiva y ha ido más allá de las catedrales, involucrando a las conferencias episcopales, parroquias, congregaciones religiosas, sobre todo los monasterios de clausura y las asociaciones».

Nada hay que objetar a todo lo que sea Adoración de la Eucaristía (aunque da la impresión de que los organizadores ponen el énfasis en su carácter de evento simultáneo-histórico-mundial-oyente de la palabra). Bienvenidas sean todas las iniciativas que en este sentido se hagan en favor de nuestra fe en el Cuerpo de Cristo sustancialmente presente. Benditas sean las Procesiones que en este día del Corpus recorren nuestras calles neo-paganas con la Custodia, mostrando que seguimos creyendo en la Sagrada Eucaristía. Pero me suena a parche eclesial, y no puedo remediarlo, porque estas iniciativas no van acompañadas de una verdadera enseñanza doctrinal que impida que el error (e incluso la herejía) se instalen en los fieles, tan terriblemente machacados en los últimos años.

Podríamos enumerar otras iniciativas que reforzarían esta fe eucarística y que la confirmarían frente a errores doctrinales, litúrgicos y prácticos. Hagamos un intento de enumeración:

1. Insistir en la doctrina de la Transubstanciación. Aprobada por el Concilio de Trento y vigente (todavía) en el Magisterio de la Iglesia. La conversión de toda la sustancia del pan en el Cuerpo y toda la sustancia del vino en la Sangre del Señor, lo que se llama en la Iglesia Católica “transubstanciación” (DS,1866). Sabido es que hay Facultades de Teología que ya no sustentan esta doctrina y la transmiten a los estudiantes como doctrina superada.

2. Advertir que cualquier otra concepción de la Eucaristía, es herética. Porque no se trata aquí de opiniones teológicas, sino de Magisterio Infalible de la Iglesia.

3. Luchar contra la manipulación universal de la Eucaristía. Lo que antes estaba reservado sólo a las personas sagradas, es ahora manejado por todo tipo de personas, tras las medidas eclesiales postconciliares. No se habla de los abusos a que esto ha dado lugar y no se hace lo posible por impedirlos.

4. Recuperar el amor y el cuidado por la recepción de la Eucaristía en la boca. Y no permitir la dictadura de los sacerdotes que se niegan a administrarla así, o que se mofan de los fieles que acuden a comulgar en la boca y de rodillas.

4. Predicar con valentía que no se puede comulgar en pecado mortal, lo cual es sacrilegio gravísimo y según las palabras de San Pablo motivo de condenación: el que come el cuerpo del Señor indignamente, se hace reo del Cuerpo y la Sangre… porque entonces come y bebe su propia condenación.

5. Explicar claramente que ésta es la razón por la cual no pueden comulgar los divorciados vueltos a casar. O los adúlteros. O los pecadores públicos. O los políticos que se llaman católicos pero están propiciando o manteniendo leyes abortivas o clínicas abortivas. Y no jugar con ambigüedades oportunistas.

6. Dar al Santísimo (de nuevo) el lugar preferente en nuestras Iglesias, sacándolo de las capillas laterales a las que se le confinó hace años. Recuperar el maravilloso aspecto de un altar mayor con la luz del sagrario encendida, que se puede ver desde todos los rincones de la iglesia.

7. Recuperar otros gestos bellos y respetuosos que mostraban el respeto al Santísimo Sacramento, tales como la doble genuflexión ante el Santísimo Expuesto, o como la necesidad de doce velas encendidas. Gestos que desaparecieron o que se “desaconsejaron” en los Rituales y en las prácticas postconciliares.

Podríamos seguir, pero quizá basta con estos ejemplos. Dice el diccionario que un parche es un arreglo o solución provisional que sigue funcionando, aunque con precariedad. Y si los parches funcionan precariamente en cuestiones indiferentes, no es así en la vida de la Iglesia. Un parche en la Iglesia, es como una cataplasma o un emplaste en un enfermo: probablemente el enfermo morirá si no se toman remedios serios y que vayan a la raíz del problema. Es como administrar una aspirina a un enfermo terminal de cáncer.

Adorar al Santísimo una hora con motivo del Año de la Fe puede verse como una buena decisión, pero si los Pastores (que son administradores de los misterios de Dios) no clarifican los malentendidos y no explican y defienden la verdadera fe de la Iglesia, son unos burdos repartidores de parches y cataplasmas para sus ovejas. Se instalan en el Reino del Timo.

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